Nuestra displicencia migratoria: nos valió madres
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Nuestra displicencia migratoria: nos valió madres

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Nuestra displicencia migratoria: nos valió madres

07/11/2018
Actualización 07/11/2018 - 13:34

La caravana migrante ha despertado lo mejor y lo peor de los mexicanos. He escuchado de todo tipo de opiniones, desde aquellas que reclaman que se haga un muro en la frontera sur –no dicen quién lo pagará- hasta quienes consideran que debemos ser un país de puertas abiertas para todos los migrantes “de bien” que vienen a nuestro país a contribuir al desarrollo y enriquecimiento cultural. En especial, llama la atención de aquellos que de la noche a la mañana, consideran que nuestro país ha adquirido una especie de nivel superior porque ya somos un país receptor de inmigrantes como lo son Alemania, Estados Unidos, España, Canadá o Australia. Hay quienes se han dado una importancia que antes no sentían porque hay extranjeros que quieren venir a vivir aquí. La realidad es que esas percepciones carecen de sustento en la mayoría de los casos, ya que los centroamericanos que vienen a México en caravanas, no tienen –en su mayoría- la menor intención de permanecer en un país con un largo historial de violaciones a los derechos humanos en general, y de los migrantes centroamericanos en particular. Casos como el de las fosas de San Fernando, Tamaulipas, horrorizaron al mundo entero. La mayoría de los ahí asesinados, eran centroamericanos y, como siempre, la justicia brilló por su ausencia. No nos engañemos, México sigue siendo un país de paso para llegar a Estados Unidos, destino final de la mayoría de los migrantes. Es por ello que el ¿¿¿gobierno??? de Enrique Peña Nieto, simplemente hizo como que ponía orden en la caravana inicial para posteriormente abandonar la frontera sur mexicana, y esperar que la caravana llegue a Estados Unidos después del primero de diciembre, así será ya problema de la administración de López Obrador quien tendrá que ver cómo le hace para lidiar con el troglodita de Trump. Al momento de escribir estas líneas, aún no se conocía el resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos, pero si los republicanos se alzan con el triunfo, la crisis migratoria centroamericana se convertirá en una trifulca entre Estados Unidos y México, entre Trump y López Obrador quien, hasta ahora, ha sabido mantener en calma al presidente americano. Y de ser éste el caso, ¿qué pasará? ¿se acentuará la actitud xenófoba de quienes consideran que los migrantes centroamericanos se deben de quedar en sus países en donde sus vidas corren peligro por los altos –mucho más que aquí- niveles de violencia? ¿Qué políticas públicas –no simple demagogia- tomará la nueva administración para hacer frente a la oleada de centroamericanos? ¿Cerrará la frontera sur? ¿La dejará abierta? Cualquiera que sea la respuesta, es importante conocer que los flujos migratorios que pasan por nuestro país no son nuevos, son de hecho bastante añejos. En esta ocasión, se trata de grupos organizados que siguen buscando llegar a Estados Unidos y ya no lo quieren hacer en solitario, porque saben que así se dificulta el que sean víctimas de las extorsiones de autoridades mexicanas y de la violencia del crimen organizado en suelo mexicano. Esa es la verdad, no emigran por creer que México es un país de ensueño y de oportunidades, sino que sólo vienen porque tienen que pasar por aquí. Sin embargo, la displicencia mostrada por años por parte de México en cuanto al respeto a sus derechos humanos y a sus vidas y libertades, nos comenzará a pasar factura. No estamos preparados para recibir corrientes migratorias tan grandes que busquen quedarse aquí, no hemos diseñado una sola política pública para su incorporación a la vida nacional en caso de que así lo desearan, hemos sido omisos por décadas, nos ha valido madres y ahora, tendremos que hacer frente a nuestra propia estupidez y no, no es por nosotros ni por los migrantes, es para evitarnos problemas con Trump. A ver si el nuevo gobierno muestra un poco más de sensibilidad con los humanos que huyen de sus países -así como los nuestros también lo hacen- y logra encontrarle la cuadratura a un circulo que se ve, sumamente descuadrado. ¿Privilegiará a los migrantes o a los gringos? Lo veremos en pocos días.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.