Ahora a cuidar nuestra democracia
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Ahora a cuidar nuestra democracia

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Ahora a cuidar nuestra democracia

03/07/2018

Hay sin duda alguna una buena noticia derivada de las elecciones del pasado 1 de julio: la democracia mexicana funciona, está en perfectas condiciones de salud y las instituciones que la garantizan inspiran confianza. La reacción de los candidatos derrotados al reconocer el triunfo ajeno fue un nuevo elemento en nuestro sistema republicano –tal vez porque ahora ganó el que siempre desconocía los resultados-, pero vale la pena revalorar la armonía con que se prevé se dé esta transición. El discurso del presidente electo en el hotel Hilton tuvo claros destinatarios e intenciones: los asustados –apanicados algunos- con su triunfo y dar certeza en los rubros más delicados, estabilidad económica y respeto a los derechos fundamentales. Fue generoso López Obrador, reconoció la actitud del gobierno de la República como factor de certeza en el proceso y no como factor de división; reconoció a sus adversarios y a sus partidarios. Sin duda alguna, estamos viviendo paradigmas nunca antes vistos en nuestro país. No obstante, algunos sombrerazos desesperados e inopinados en redes sociales, la gran mayoría de los mexicanos respetamos el mandato de las urnas. La legitimidad con que llegará el Presidente López Obrador al poder no tiene precedentes en el México democrático y, por lo tanto, tendrá que responder a las altas expectativas que él mismo ha generado. Y es en este sentido que tendremos que ser vigilantes del cumplimiento de sus promesas y sobre todo de sus alianzas. Es verdaderamente preocupante el ascenso vertiginoso que tuvo la ultraderecha del Partido Encuentro Social (PES) de la mano de Morena, algo que es comprensible desde el punto de vista de una alianza electoral, pero habrá de dificultarse en el ejercicio del gobierno. Los puntos de vista son contradictorios y, en ocasiones, excluyentes entre sí. López Obrador deberá de honrar al juarismo que dice representar y que a la gran mayoría de los mexicanos logró convencer, y honrar el compromiso de laicidad por el que votó el electorado.

En su discurso en el Hilton dejó claro que no permitirá abusos de nadie, ni siquiera de sus aliados. Estos aliados del PES deben de estar bajo su vigilancia y la de la ciudadanía para evitar volver a los episodios trágicos de nuestra historia en que la intervención de la iglesia en política provocó subdesarrollo, traición e incluso pérdidas de territorio. México no se merece eso, no en un gobierno encabezado por la izquierda… ni en ningún otro. Y tiene importancia esta reflexión porque la derecha previsiblemente habrá de alcanzar una representación en el Congreso bastante alta, juntando los legisladores del PES y del PAN –o lo que queda de él- muchos de cuyos fanáticos, sin ninguna evidencia ni prueba, acusan fraude o complicidad entre el presidente electo y el presidente de la República, lo que es un indicador de que aún existen en México muchos ciudadanos que confían en la democracia sólo cuando favorece a sus candidatos. Pero la democracia mexicana funciona, y funciona bien, y eso es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos y confiados. Pero la arrolladora victoria de Morena no es un cheque en blanco, es un mandato claro al que deberá ceñirse el presidente electo López Obrador cuando sea presidente constitucional y que habrá de ser vigilado por todos los ciudadanos. No se vale pensar que el presidente y su gobierno tienen que hacerlo todo, no funciona así en ninguna gran democracia como la nuestra. Sí, como la nuestra. México es ya una gran democracia electoral, nos falta ahora que se convierta en una gran democracia como forma de vida, con menos desigualdad y mayores oportunidades. Tenemos una gran ventaja: por primera vez nuestros legisladores pueden ser reelectos y eso nos da como ciudadanos un arma poderosísima al ser quienes determinaremos su futuro político y laboral. Debemos saber quiénes son, dónde despachan y cómo contactarles; sus correos electrónicos, debemos exigirles que cuiden de la patria y vigilen las acciones de gobierno.

Sin duda alguna, nos ha tocado vivir una gran experiencia democrática, los festejos espontáneos en las calles no se veían desde el año 2000 con el triunfo de Fox. Pero hay que entender que la vida sigue y los problemas ahí están. Hay que apoyar al presidente electo aunque no hayamos votado por él, entendiendo que no es por él, sino por el país y por nuestras decisiones políticas fundamentales: federalismo, república, democracia, representatividad y laicidad. Estas decisiones emanan de nuestra Constitución y debemos procurar su preservación, sea quien sea el gobernante y sus aliados. ¿Bienvenida la cuarta transformación de la República? Tal vez sí, pero siempre que nos expliquen en que consistirá, algo que aún no se sabe. Por lo pronto, cuidemos nuestra democracia porque ésta, ésta sí funciona.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.