Opinión

Caricaturista y dos piedras

 
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Oaxaca.

Compromisos de orden supremo le impidieron a Gil asistir a la Feria Internacional del libro de Guadalajara. La paradójica Feria que recibe a 750 mil personas, a la cual asisten más 2 mil editores, tiene lugar en un país donde se lee poco y mal. Desde hace años, Gamés se antologaba en un terno discreto y elegante, no los refulgentes colores de los atuendos de Fernando del Paso que en alguna ocasión casi dejaron ciego a Gilga, y daba noticias no tan puntuales pero tampoco tan retrasadas de la Feria.

Gamés se enteró leyendo su periódico Reforma de que Paco Calderón, el caricaturista de ese diario, recibirá un reconocimiento, La Catrina, que se otorga en el Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta. Gilga es un lector asiduo de Calderón, sus caricaturas se ven y se leen. Su trabajo, dice en entrevista con Miguel de la Vega de su Revista R, consiste en encontrarle el absurdo a los sucesos del día, despojarlos de la solemnidad que los envuelve y exhibirlos. ¿Dónde firma Gamés?

A Gilga le pasa seguido esto de lo que habla Calderón: “Hay días en que veo las noticias y es como exprimir una piedra”. Gil añade: la vida política nacional es un camino pedregoso. Oigan esto: “El chiste del monero es que sea un caricaturista político y no un político caricaturista”. ¿Quién dijo moneros de La Jornada? Nadie, nadie, no empecemos con los problemas. Cada quien su vida y Dios en la de nadie. Desde esta página del fondo, Gilga le hace una reverencia a Calderón. Este chiste le encantó a Gil: “Dicen que Peña Nieto tiene tres libros en su casa y apenas está coloreando el primero”.

Examen

Gil se propone exprimir una piedra. Según su periódico El Universal en una nota de Lupita Thomas, corresponsal en Oaxaca, la evaluación docente en ese lugar ha costado 45 millones de pesos gastados en darle seguridad a los maestros que realizarán la prueba de desempeño. El blindaje incluye hospedaje, alimentación y, desde luego, garantías de que en sus cabezas no caerán las pedradas de los maestros de la CNTE.

Cuando Gilga vio los camiones de maestros que se dirigían rumbo a las aulas donde ocurriría la evaluación escoltados por decenas de policías equipados con escudos y garrotes, cuando vio las filas de policías detrás de una valla dispuestos a repeler las agresiones de los mentores, mju, de la CNTE, no pudo sino pensar en las cosas extrañas de que México es capaz de crear, como si metiera usted a hornear un pastel y cuando abriera el horno para servirlo, le saltara una rata. A la lectora y al lector les parecerá absurdo el símil, pero no más que la realidad: la policía protege a unos maestros que van a realizar un examen. Caracho, no somos nada; o sí, somos el más grande espectáculo de teatro del absurdo.

El gobernador Gabino Cué está más activo que el Popocatépetl. Todo indica que se ha sacudido la pasividad de la que hizo gala durante los dos años en que los maestros de la CNTE hicieron y deshicieron en Oaxaca. Felicidades. ¡Hip-hip-hurraaa! Ahora el gobernador es un adalid, un hombre firme, con carácter, un político decisivo. No se rían, así ve Gamés a don Gabino, hombre de recias convicciones donde los haya. Mju.

Chayote

Admítanle a Gil esta brevísima reflexión. Resulta que si alguien escribe lo que piensa y eso no le gusta a los lectores que militan en alguna causa y se han comprometido hasta la ignominia con tal o cual idea, Gilga se refiere en especial los seguidores de Liópez, a ese señor o a esa señora que ha escrito lo que le da su reglada gana, bien o mal, lo acusan de recibir dinero y pagos en un sótano de inmunda corrupción. A la mazmorra del desprestigio.

En el argot del periodismo se le llama “chayote” al dinero que algunos periodistas, o como se llamen, reciben por escribir a favor de algunos políticos. Por cierto, ¿se le llama chayote porque espina? ¿o porque es pura agua su consistencia, o porque no engorda, o porque es insípido?

Esa acusación, muy pocas veces probada, descalifica de inmediato en ese mundo una opinión desafecta, crítica o incluso enfática.

Gil se pregunta cómo se llaman los periodistas que defienden con la espada de su pluma, mju, a un político hasta la ciega vergüenza, cómo se llaman los periodistas que trapean con sus artículos el suelo por donde ha pasado su líder moral, su Dios bueno. Como no tienen sobrenombre Gilga les llamara “plátanos” (si en ese mundo hay chayotes, no faltarán entonces los plátanos) por largos y algo retorcidos, por poco firmes y porque se tragan con dificultad. No empiecen, apenas es lunes.

La máxima de Sainte-Beuve espetó en el ático de las frases célebres: “Amo los libros verdaderos, los que son lo menos posible libros y los más posible hombres”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

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