Opinión

CAPRECO: una historia exitosa de servicios financieros rurales y políticas públicas efectivas

 
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Cuando hay buenas historias y buenas políticas públicas hay que decirlo para que sean fuente de inspiración para otros, pero sobre todo decirlo fuerte y repetirlo muchas veces cuando se trata de una empresa iniciada por cinco mujeres con valor e inteligencia.

Esta es la historia de CAPRECO, una cooperativa de ahorro y crédito popular que nació con el milenio, el 19 de julio del año 2000.

Para sus fundadoras, los prejuicios de algunos hombres obtusos sobre su incapacidad para convertirse en empresarias por el hecho de ser mujeres, al grado de denostarlas como “desechos bancarios”, fueron tomadas como un reto para demostrarse y mostrar a la sociedad que los vituperios no serían un obstáculo para frenar su intención.

CAPRECO, como pocas empresas en México pueden decirlo, ha crecido a contracorriente a lo largo de quince años, siendo sobreviviente de un sistema económico que a veces pone más obstáculos que aceleradores.

Por ejemplo: a CAPRECO le llevó 5 años lograr su primera línea de crédito y 11 años obtener su autorización ante la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. A lo largo del tiempo han tenido que demostrar de diversas maneras su rentabilidad y viabilidad, en ocasiones renunciando a su derecho para recibir subsidios con tal de mostrar que el funcionamiento de la cooperativa es sostenible.

Habiendo iniciado hace quince años con $375 pesos, hoy por hoy son una cooperativa con 150 millones de pesos en activos, con 6 sucursales, 3 de las cuales están en zona de huicholes en la Sierra de Nayarit y 2 en región de coras de la Sierra de Jalisco. Sus servicios ejercen una real intermediación financiera porque su cartera de crédito, actualmente en 129 millones de pesos, está colocada principalmente en financiamiento agrícola y comercial, apoyando a productores de frijol, arroz, sorgo, hortaliza, tomate de hoja, jitomate, ganado, pesca, camarón y servicios.

Por otro lado, como se dijo al inicio de este artículo, cuando hay buenas políticas públicas vale la pena decirlo y exigir su continuidad. Este es el caso, porque CAPRECO ha participado del Programa de Asistencia Técnica al Microfinanciamiento Rural (PATMIR - BANSEFI) que es una excelente política pública dirigida a la inclusión financiera de población rural con alto y muy alto grado de marginación, en zonas indígenas y poniendo especial atención en mujeres.

Por medio de PATMIR, la cooperativa ha podido incrementar el número de socios en casi el triple, en tan sólo cuatro años que lleva dentro del programa, pasando de 1,737 en el año 2010 a 5,058 socios en 2015, de los cuales, el 53% son mujeres rurales indígenas. Además, PATMIR ha favorecido una mayor captación de ahorro, el cual ha crecido 350% pasando de 18 a 81 millones de pesos y con un esquema de intermediación principalmente hacia el crédito agrícola y comercial, CAPRECO no sólo está favoreciendo la inclusión financiera, sino el desarrollo económico rural.

La cooperativa CAPRECO recibió dos galardones en el año 2014, y me parecen pocos en comparación con los logros mencionados, el primero como una empresa de mujeres emprendedoras exitosa y el segundo en el marco de la inclusión financiera, como uno de los trece casos de éxito en el país, recibiendo el premio en presencia de Christine Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional.

CAPRECO es además de una historia de éxito, una lección para proceder a la revisión estructural y profunda de las políticas públicas y la regulación, porque ¿acaso no habría un mayor desarrollo del campo con cientos de cooperativas que imitaran a CAPRECO en otros estados? Probable y muy seguramente si, pero no podemos permitirnos que a cada una le lleve una década lograr su autorización o un lustro obtener una línea de crédito.

Por ello es fundamental ir más a fondo en la reforma financiera en favor de mayor flexibilidad y adaptación de la banca de desarrollo en su asignación de líneas de crédito; en la vinculación del financiamiento con políticas de inclusión financiera efectivas como PATMIR; así como buscar un marco regulatorio que favorezca la proliferación de nuevos intermediarios quienes como CAPRECO se adaptan a las condiciones de pequeños y medianos productores, en zonas serranas e indígenas, de manera que el sistema financiero mexicano opere en función de necesidades y a favor de un desarrollo equitativo del campo.

1.- Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social, A.C.

Correo:isacruzh@gmail.com

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