Opinión

Capitán América

07 abril 2014 13:42

Capitán América y el soldado del invierno o el heroísmo reciclado. Creado en 1941 por Joe Simon y Jack Kirby, el personaje Capitán América representó en su momento la sublimación del heroísmo del ejército estadounidense en su batalla contra el nazismo. Forjado en los valores más tradicionales de los EU c. 1920-1940 parecía pasado de moda una vez superada la Segunda Guerra Mundial. Pero he aquí que el cine lo revive como anacronismo genuino que, al poseer ciertos valores ahora abandonados tras las eras Bush padre & hijo y la del cinismo Wall Street post-9/11, resulta una conciencia tenaz de la corrección, no tanto política como moral. Un heroísmo que es reciclado por su valor esencial: el sacrifico por los demás y la idea de patria y libertad.

Es así que en Capitán América y el soldado del invierno (2014, Anthony & Joe Russo), el héroe debe revitalizar toda su concepción heroica a partir del sacrificio de sí mismo en un mundo infestado por el desmesurado fascismo tecnológico, omnipresente y profundamente criticable (“esto es miedo, no libertad”). Por ello el Capitán Steve Rogers (Chris Evans) vive enfrentamientos cotidianos con la relajada disciplina bélica contemporánea (“a tu izquierda”), con la nueva estructura de Poder que representa Nick Fury (Samuel L. Jackson) y con su irreconciliable pasado. El Capitán será para siempre un verdadero ser fuera del tiempo y de su circunstancia; alguien que sobrevive en medio de una hiperviolencia donde se recurre a su heroísmo para recobrar la estabilidad. En consecuencia, el Capitán funciona como simple y efectivo peón en un complejo ajedrez contemporáneo.

Capitán América y el soldado del invierno o la crisis de las ideologías. A diferencia de otros cómics, sean de Marvel o DC, que tanto éxito han cosechado a últimas fechas, el Capitán América representa una crisis de las ideologías puesto que él proviene de una era donde lo blanco era blanco y lo nazi, nazi. Sin embargo, el paso de los años ha transformado al mundo tanto, que ahora el fascismo es el enemigo interno representado por el mercader militarista Alexander Pierce (Robert Redford), enquistado en las cumbres del complejo militar-industrial con la finalidad de crear una estrella de la muerte capaz de eliminar a dos mil millones de enemigos con un sólo click para establecer un nuevo orden mundial. Así, la onanista fantasía militarista debe enfrentarse a la simple voluntad del viejo héroe que carece de mayor complejidad ideológica que la expresada en los años de su creación. En consecuencia, el anacronismo se vuelve vanguardista. Sobre todo cuando recupera la pertinencia de sus valores esenciales, los que enfrenta a la actual crisis ideológica, sin ideales como ayer mismo tenía, dominada por el cinismo y la ausencia de transparencia.

Capitán América y el soldado del invierno o el abismo es un vértigo. El film de los hermanos Russo parte de que el vértigo es el valor primordial de la cinematografía contemporánea. El film comienza exactamente igual que los action films de antaño: in media res. O sea, a mitad del relato. Vértigo de movimientos, de situaciones, de personajes con una Viuda Negra (Scarlett Johansson) dando la nota de humor ante la solemnidad del Capitán. Vértigo de un film que comienza sin pausas y continúa así, mostrando a cada instante pequeños fragmentos de una intriga mayúscula concebida en abismo (cada vez bajando un nivel) con sus anti-héroes, sus traiciones, y su violencia siempre espectacular. Vértigo, pues, de un espectáculo visual para el que nada es accesorio y todo resulta esencial, desde el juguetón beso, las íntimas traiciones políticas y la destrucción de toda la parafernalia bélica, tan idéntica a la del III Reich que resulta escalofriante. Vértigo de un film que tras su fachada de simple espectáculo desvela los entresijos de la obsesión contemporánea con la seguridad. Vértigo que apunta hacia la escalofriante vigencia del fantasma del fascismo como ideología, estética y razón de ser del abismo. ¿Quién dijo que los films taquilleros estaban impedidos de ser profundos?