Opinión

'Cantinflas'

Ambiciosa biografía medio épica medio intimista, profundamente cursi y ultra complaciente, Cantinflas (2014, Sebastián del Amo) se concentra en los años de formación y éxito de Mario Moreno (1911-1993) que van de 1931 a 1955. Es así que nos enteramos de cómo el improvisado cómico carpero Mario (Óscar Jaenada prodigioso en su mímesis) se forma casi por accidente entre pisos que barre y escenarios en los que incursiona para improvisar con un éxito tan instantáneo que casualmente Estanisalo Shillinsky (Luis Gerardo Méndez con artificial acento ruso) lo observa un momento y lo invita al siguiente al DF. Y de inmediato aquí refrenda su éxito hasta convertirse en el contundente Cantinflas que casi sin pausa se casa con la bailarina rubia Valentina (Ilse Salas), y se vuelve una naciente estrella del cine mexicano tras el inesperado éxito ante el supuesto desconcierto del mismísimo Juan Bustillo Oro de Ahí está el detalle (1940).

A su vez, en tiempo paralelo, 1955, el ambicioso productor lenguaraz Mike Todd (Michael Imperioli) busca producir la, por él vendida a punta de saliva, superproducción La vuelta al mundo en 80 días (1955, Michael Anderson) y todo se concentra en los cinco días previos a la conferencia de prensa en que se dará noticia del inicio del rodaje, intentando convencer a un reparto multiestelar de aparecer en breves papeles, empezando por la que será su futura esposa Elizabeth Taylor (Bárbara Mori nomás de adorno).

Así, los tiempos se entrelazan presentando las diversas dificultades de un Cantinflas en ascenso que despide directores a gusto y convierte a otro, Miguel M. Delgado, en su sumiso yesman. A la vez, su matrimonio con Valentina aparentemente sufre por la incapacidad de ella para tener un hijo y la de él para dejar de deslumbrarse por el éxito cotidiano con el que vive y por el que al final acaba traicionando la idealizada imagen que Diego Rivera (José Sefami) crea para el frontispicio del Teatro de los Insurgentes.

Mientras tanto, Todd llega a México buscando a Cantinflas por una razón gratuita para descubrir, en palabras del productor Jacques Gelman, que Cantinflas es “el más querido de México y Latinoamérica”; “¡No lo sabía!”. Espera contra reloj que la ofensa de invitarlo a hacer una breve parte como jefe de una tribu india le sea perdonada por obra y gracia de la providencia misma, en manos, boca, gestos y hasta autógrafo de Charlie Chaplin en persona, quien escribe un recado milagrosamente generoso para que el mimo mexicano acepte no sólo participar en el film de Todd sino transformar el papel de Passepartout en el vehículo con el que Cantinflas obtiene su Globo de Oro.

En medio de todo queda el semi-fracaso matrimonial (a ritmo de repelentes baladas seudo románticas de Aleks Syntek) y la soledad del “genio” que acaba reconquistando a su dama abandonada con piso de flores y fuegos artificiales que estallan al primer beso de la noche (“pero no cantinflées”) para hacerle la promesa de nunca dejarla.

Al final el ambicioso Todd obtiene su film y Cantinflas celebra el codiciado éxito internacional pero dejando más dudas de si ese viaje al éxito pavimentado de puros aciertos es algo real o una concesión del guión escrito por el propio Del Amo y Edui Tijerina. Sobre todo cuando no coinciden ciertos hechos con lo publicado en otros lados, y cuando erige como los villanos del film a Shillinsky y Manuel Medel, y cuando su paso por la ANDA resulta una especie de sainete innecesario, y cuando se ahorra la parte difícil de su ocaso y caída y los temas escandalosos de su vida. Pero también deja como gratuita la ambición de Todd al nunca mencionar que fue el promotor de un proceso fílmico tecnológico llamado Todd AO, con el que realmente justificó hacer la cinta más espectacular (al menos de 1955), y al obviar que fue el inventor del concepto cameo (breves apariciones de celebridades en un film) precisamente para disfrazar que estarían haciendo un papel nimio en un film que alcanzó las tres horas de metraje en 70 mm filmados a 30 cuadros por segundo, toda una novedad para su tiempo.

Así, lo accesorio queda como primordial y lo primordial como un valor asumido que hubiera sido importante hacer explícito para comprender y revitalizar la figura de Cantinflas en peno siglo XXI donde su tipo de humor es un anacronismo, al menos como lo presenta la cinta misma.