Opinión

Candidaturas independientes, ¿candidatos independientes?

 
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El uso excesivo del término 'candidaturas independientes' y 'candidaturas ciudadanas' ha empezado a ser disonante. La modalidad de postulación sin partidos fue, sin duda, la novedad más destacada de las elecciones de 2015. Sin embargo, es evidente que la naturaleza de la candidatura 'independiente' de un político con 30 años de militancia en un partido, no es la misma que la de un joven cuyos antecedentes políticos se reducen a su pasado en la sociedad de alumnos de su universidad.

Sin descontar la necesidad casi tautológica del sistema de partidos en una democracia, tengo para mí que la figura de candidaturas sin partido propiciará espacios para alternativas con mayor margen de independencia a partir de la próxima década.

Los políticos 'independientes' no se construyen de la noche a la mañana. El ejemplo más vigente es Bernie Sanders. Después de sucesivas derrotas como candidato al Senado por un partido socialista, Sanders –ya como candidato sin partido– fue electo alcalde de Burlington, Vermont, por tres periodos consecutivos. Su currículum 'independiente' se engrosó con 17 años en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. La resiliencia de Sanders rindió frutos electorales, pero también le otorgó un margen de maniobra muy grande para asumir posiciones que en su momento fueron controvertidas, como su defensa de minorías sexuales y su ataque al 'socialismo de ricos' –las cuales han probado su valor en el largo plazo.

En México, la trayectoria política independiente será más viable en algunos años. La reelección en cargos de elección popular como las alcaldías, las legislaturas locales y el Congreso de la Unión, permitirá que el 'oportunismo independiente' dé paso a la 'carrera independiente'. Aunque eso no sustituirá a los partidos, podrá alimentar de alternativas a un sistema que, cuando manifieste desgaste, podría renovarse a través de figuras con una independencia auténtica.

La abundancia de políticos que se asumen como candidatos 'ciudadanos' e 'independientes' ha devaluado el término. Claro que son ciudadanos, pero eso no sustituye la relevancia de sus acciones ejecutivas o de sus votos parlamentarios previos. La independencia auténtica no se mide por las veces que un político se asume como tal, por el contrario, se rastrea en su trayectoria.

Twitter: @gustavo_gilr

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