Opinión

¿Candidatos independientes?

Marco Tulio Cicerón definía al buen ciudadano como aquel que no “puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes”.

Sin duda, el ciudadano de hoy vive y ejerce sus derechos políticos coadyuvando a fortalecer a la democracia con su participación, democracia que tiene que ver con un Estado de derecho en donde nadie esté por encima de la propia ley.

En lo referente a los derechos políticos, éstos se han modificado de manera sustancial desde el año 43 a.C. que Cicerón definía al “buen ciudadano”.

En México, desde 1946 se estableció como derecho exclusivo de los partidos políticos el registro de candidatos a cargos de elección popular, y no es hasta 66 años después (9 de agosto de 2012), que se modifica el artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para permitir las candidaturas “independientes”, es decir, permite que alguien se postule por un cargo de elección popular sin tener que tener un partido que respalde su derecho ciudadano.

Ser votado con independencia de partidos políticos es un derecho recuperado del año de 1918, cuando el sistema de partidos en México aún era incipiente. El regreso de las candidaturas independientes se presenta en un contexto de sistema de partidos consolidado, plural, competitivo, pero hay que decirlo, en crisis de legitimidad y de representación que demanda a los partidos a innovar, a estar a la vanguardia y sobre todo a recuperar el vínculo con la ciudadanía, que éstos se sientan auténticamente representados.

En la nueva Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales publicada en el Diario Oficial de la Federación el pasado 23 de mayo, en el libro séptimo titulado De las Candidaturas Independientes, se regulan éstas.

En la legislación citada, se establece que primero éstos deberán presentar su solicitud a la instancia que se enuncia de acuerdo al cargo de elección popular al que pretenda contender.

Los candidatos “independientes” deben ser una persona moral constituida en asociación civil, que tendrá el mismo tratamiento que un partido político en el régimen fiscal ya que se les otorgará, al igual que a los partidos, financiamiento público para sus tareas políticas.

Aunado a lo anterior, realizarán actos para recabar el apoyo ciudadano que van desde 120 días para presidente de la República, 90 días para Senador y 60 para Diputado.

Deberán de recabar firmas (cédula de respaldo). Por ejemplo, en el caso de contender para presidente de la República, el equivalente a 1.0 por ciento de la lista nominal al corte del 31 de agosto del año previo a la elección (si consideramos la lista nominal actual sería de cerca de 800 mil), integrada en por lo menos 17 entidades.

En cuestión de política, debemos celebrar el avance en la igualdad de derechos y oportunidades en el rubro de ser votado frente a los partidos políticos; sin embargo, éstos deberán blindarse de intereses sectarios o de los poderes fácticos si queremos profundizar en términos de representación y de calidad de la democracia, llámense independientes o partidarios.

Si bien los candidatos “independientes” ejercen su derecho a ser votados sin tener que pertenecer a un partido político, no podemos argumentar a favor a la autenticidad de su representación. Tan auténtica puede ser la representación de un candidato partidista como ciudadano.

Su adjetivo titulado “independiente” o aún más "ciudadano", radica en no pasar por la competencia interna de un partido político, ya que no es independiente a los recursos públicos, ni es independiente de la representación a la que se obliga, y debemos decirlo con todas sus letras, son políticos porque participan en el terreno de la política para ostentar un cargo de elección popular.

Es de señalarse que los partidos políticos establecen, además de lo que se exige en la Constitución, requisitos tales como: presentar un programa de trabajo, no haber sido condenado por delito intencional del orden común en el desempeño de funciones públicas, además de cumplir con la paridad de género y cuotas de sectores tales como jóvenes, campesinos, del sector popular entre otras.

Debemos de trabajar por mejorar la calidad de la democracia. La crisis de representatividad tiene que ver con la actuación de nuestros representantes y gobernantes, y está por verse si los “independientes” darán un respiro a la crisis de representatividad o simplemente aprovecharán la desconfianza y la mala reputación de las estructuras e instituciones que hemos ido construyendo, para obtener la victoria sólo por llamarse independientes, aunque algunos “roben poquito”, como el “independiente” alcalde electo de San Blas, Nayarit.

El autor es secretario de Acción Electoral del CEN del PRI.