Opinión

Canadá y su Rendez-vous, una fiesta de sobriedad y efectividad

 
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Rendez-vous Canada. (http://rendezvouscanada.travel/welcome/)

En la década de los 70 del siglo pasado, cuando el expresidente Miguel Alemán Valdés le encargó a René Martínez un estudio para instituir en México una feria turística, éste tomó como modelo el Pow-Wow de Estados Unidos y lo bautizaron como Tianguis Turístico. En esos días, Alemán estaba al frente del Consejo Nacional de Turismo y Martínez sería el director del primer Tianguis, que tuvo como sede Acapulco.

Más de veinte años después, cuando en 1999 el entonces secretario de turismo federal, Óscar Espinosa Villarreal, creó el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), trabajo que le encargó a Javier Vega Camargo, trató de copiar el modelo de la Comisión Canadiense de Turismo, organismo gubernamental que cuenta con una Junta de Gobierno integrada tanto por funcionarios como por miembros de la iniciativa privada.

Evidentemente, ninguno de los dos intentos de importar modelos para crear ferias y oficinas de promoción dieron como resultado copias fieles de los originales, ya que es obvio que tenían que tropicalizarse, ya fuera para bien o para mal.

Hoy, a años de distancia de la creación del Tianguis Turístico (TT) y del CPTM, ambos han desarrollado una personalidad propia, que poco o nada se parece a su modelo inicial.

Por ejemplo, a finales de abril se llevó a cabo en Montreal el evento conocido como Rendez-vous Canada (RVC) –que se traduce como “cita”--, que cada año se realiza en ese país de manera itinerante.

El RVC es organizado por Destination Canada, nombre que la Comisión Canadiense de Turismo adoptó desde el RVC del año pasado.

Y, sí, no queda duda, la visión que los canadienses tienen de cómo debe ser este tipo de encuentros en los que el objetivo es vender turísticamente un país, es radicalmente opuesta a la que tienen las autoridades mexicanas: allá lo llevan a cabo con una sobriedad casi monacal, en tanto que en México prácticamente es un carnaval; allá hay una gran disciplina en los horarios y son muy rígidos, pero eficientes, con el uso del tiempo, en tanto que aquí las cosas se toman más relajadas, sin presiones.

Por ejemplo, en el Tianguis a quien acude a una cita de negocios su contraparte le puede saludar largamente, comentar un poco sobre el clima, le ofrece un café y galletas, y conversan amenamente antes de entrar en materia. La cita puede durar el tiempo que sea necesario.

En Canadá es todo lo contrario. Desde semanas antes del evento, todos los participantes eligen de una larga lista con quiénes les interesa tener una cita de negocios, así que le envía una invitación por medio de Internet. Un sistema electrónico cruza la información y elabora la agenda de cada uno, día, hora y número de stand en el que debe estar, para el caso de los compradores; y día y hora para los vendedores que no se mueven de su lugar.

Antes de las nueve de la mañana todos están listos en sus puestos, y a las nueve en punto suenan unas campanas que marcan el inicio de la jornada. Comprador y vendedor se saludan, intercambian tarjetas de presentación y entran en materia de lo que tienen que tratar, porque exactamente doce minutos después volverán a sonar las campanas indicando que la cita terminó. Y el comprador rápidamente tiene que trasladarse a su siguiente cita, ya que las campanas sonarán tres minutos después, que es el tiempo justo que tiene para ir de un lugar a otro.

Otra diferencia notables es que en el RVC la gran mayoría de los stands son pequeños cubículos donde apenas y cabe un escritorio con dos sillas de cada lado, la austeridad total, pero allá creen que no se necesita más que eso para hacer buenos negocios; en tanto que en el Tianguis Turístico cada edición parece más un concurso por ver qué estado de la República instala el stand más grande, más colorido y más onerosos, como si lo llamativo de su stand tuviera una correlación con la cantidad de ventas que logra.

Lo que también es enorme es la diferencia de lo que cuesta uno y otro. Según me comentó David F. Goldstein, CEO de Destination Canadá, el RVC de este año le significó un inversión de tres millones de dólares canadienses y, en el caso del Tianguis, la cifra no se conoce, pero sólo citaré un dato que nos puede poner en perspectiva: en 2012, cuando el TT se realizó conjuntamente entre Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit, la inauguración se hizo en el pueblo de La Cruz de Huanacaxtle –donde hay una de las marinas más modernas de México--, a una hora por carretera de Puerto Vallarta. Se movilizaron en autobuses a miles de invitados y la fiesta fue echar la casa por la ventana, por órdenes del gobernador de Nayarit que rivalizaba con el de Jalisco. Bueno, tan sólo esa fiesta de apertura costó un millón de dólares americanos. Y eso sólo fue lo que se gastaron en una noche.

Correo:garmenta@elfinanciero.com.mx

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