Opinión

Campeones en incongruencia

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Enrique Peña Nieto refrendó el compromiso de México sobre la paz y la seguridad internacionales. (Reuters)

El martes, desde Chiapas, Enrique Peña Nieto anunció una iniciativa de ley para crear Zonas Económicas Especiales. Este compromiso presidencial data de noviembre pasado, cuando el jefe del Ejecutivo lanzó un plan para atajar la crisis por la desaparición de los 43 jóvenes de Ayotzinapa. En algo ya típico de esta administración, a las pocas horas fue el propio gobierno el encargado de devaluar la credibilidad del anuncio.

Diseñadas en principio para generar oportunidades de progreso en el sur del país (Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas), las Zonas Económicas Especiales son “un proyecto contra la injusticia social, que está detrás de flagelos como la violencia, la polarización y el conflicto social”, dijo en la presentación de la iniciativa Gerardo Gutiérrez Candiani, líder del Consejo Coordinador Empresarial.

La iniciativa “incorpora las mejores prácticas internacionales, que nos recomendaron académicos, expertos y organismos internacionales”, agregó por su parte Peña Nieto, quien saludó la presencia en el anuncio de esta eventual ley de los delegados del gobierno federal en las entidades donde habrán de operar (si se convierten en realidad).

Uno de esos delegados es desde el miércoles Elpidio Concha Arellano, quien se desempeñará como representante de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en Oaxaca. Concha Arellano ha sido señalado por haber instigado, in situ, el asesinato de un anciano, el profesor Serafín García, el 27 de junio de 2004.

Las fotografías del homicidio, a palos, las publicó en su momento el diario Reforma y luego se reprodujeron masivamente, incluso llegaron a la prensa internacional. Si se puede ponerlo de esta forma, peor aún que la salvajada en contra del profesor fue que el crimen quedó impune.

Pareciera que Peña Nieto nunca entendió que ya no está en el confort que le representa a los priistas el Estado de México. Fuera de su terruño, sus palabras son auditadas, confrontadas con sus actos.

¿Cómo puedes ofrecer paliar la crisis de Ayotzinapa con una iniciativa de calidad internacional, y luego poner parte de la ejecución de la misma en manos de alguien involucrado con el asesinato de un anciano?

No por nada el severísimo tono del video de Al Jazeera sobre el discurso dado por Peña Nieto en las Naciones Unidas el lunes. Esa televisora hizo mofa de que el presidente hablara de Derechos Humanos ante la Asamblea General de la ONU. “Sí, escuchaste correctamente”, pone la televisora en letras amarillas luego de que Peña Nieto dice que “México es una nación plenamente comprometida con la ley, los derechos humanos y la paz”. Aquí el video https://www.youtube.com/watch?v=GdzEdH3EYwo

Esa proclividad de decir una cosa y hacer otra ha permeado en el equipo de Peña Nieto. Cómo entender, si no, que Rosario Robles, titular de Sedatu, haya nombrado como su delegado a alguien que se vio involucrado en la muerte de un perredista, como era el profesor Serafín García.

Rosario olvida sus orígenes. Esto escribió en su autobiografía Con todo el corazón, Plaza y Janés, 2005: “Mi primera incursión política tiene que ver con el 10 de junio de 1971 (…) Maestros que estaban en las primeras columnas habían sido golpeados, algunos de sus compañeros asesinados. Y el país callaba ante tal atrocidad”.

Más de lo que decía en ese libro Robles, sobre las políticas del PRI, por cierto: “No es posible redimir a los pobres con la mano izquierda, mientras con la derecha se echa a andar la maquinaria excluyente, generadora de desempleo, hambre, enfermedad y muerte…”

La credibilidad de este gobierno está perdida en el abismo entre lo que dicen y lo que hacen. Son campeones en incongruencias.

Twitter: @SalCamarena

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