Opinión

Camp Nama, centro de tortura del general Stanley McChrystal


 
A 10 años de la invasión estadounidense de Irak, las historias de terror no dejan de brotar del territorio mesopotámico. La más reciente, destaca el diario británico The Guardian, corresponde a Camp Nama, el centro clandestino de tortura montado en el aeropuerto internacional de Bagdad por el general Stanley McCrystal, estrella del Pentágono cuya carrera se derrumbó en 2010 tras mofarse de Barack Obama en Rolling Stone.
 
Olvidemonos de Abu Ghraib, la cárcel capitalina que pasó a la historia de la infamia al ser revelados en 2006 sus abyectos tormentos; Camp Nama, cerca de ahí, operó con impunidad gracias a que ahí no hubo fotografías filtradas al exterior y porque quienes lo intentaron -dos Seals de la Marina, que se sepa- fueron de inmediato arrestados. Hablar de lo que ocurría dentro del calabozo simplemente era pecado, aunque se han animado a hacerlo, finalmente, militares del Reino Unido que cumplieron funciones de transporte y guardia en el lugar.
 
En su recuento, los miembros de la Fuerza de Tareas 121, luego sustituida por la TF6-26, integrada por elementos de elite, sostienen que los prisioneros irakíes eran retenidos por largos periodos en celdas del tamaño de una 'perrera'; se les sometía a descargas eléctricas y eran encapuchados de rutina, además de ser llevados a contenedores aislados, a prueba de ruido, para 'interrogatorios', que incluyeron al menos en una ocasión golpizas por parte de un agente del Servicio Aéreo Especial británico. De ahí salían las víctimas, dicen, 'en un estado de desgracia física'.
 
Tan secreto era Camp Nama que hasta Geoffrey Miller, inventor del 'método Gitmo' de tortura en Guantánamo, que luego se exportó a Abu Ghraib y Bagram, la base afgana que Obama acaba de entregar a Hamid Karzai, tuvo problemas para entrar. Por su lado, Geoff Hoon, quien por entonces era secretario de Defensa en el gabinete de Tony Blair, asegura que 'nunca escuchó hablar de ese sitio'.
 
Visitante
 
Quien aparecía en cambio con frecuencia en Camp Nama, donde se prohibió el ingreso del Comité Internacional de la Cruz Roja, era McChrystal, jefe del Comando de Operaciones Especiales Conjuntas del Pentágono y considerado uno de sus 5 mejores generales.
 
 
Aunque los testigos que declararon a The Guardian no lo acusan directamente, hacen énfasis en la composición de las unidades selectas que pasaron por el calabozo y que fueron las mismas que utilizó McChrystal para combatir a los rebeldes, mediante las tácticas irregulares de la guerra sucia.
 
Sin que el mundo lo supiera, desde el primer año de la ocupación, en 2003, el Departamento de Defensa envió a Stuart Herrington, coronel retirado del espionaje, para indagar lo que ocurría. Tras su reporte más de 30 efectivos resultaron disciplinados, pero las torturas continuaron al menos otros 3 años, hasta que la prisión fue cambiada a Balad, 80 kilómetros al norte de Bagdad y sede de uno de los aeropuertos militares más importantes de EU en el exterior.
 
A McChrystal el éxito lo acompañaba; sus hombres capturaron a Sadam Husein y descubrieron el escondite de Abu Musab el Zarkawi, líder de El Kaida en Irak. Simbolizaba al nuevo tipo de guerrero preconizado por Donald Rumsfeld, titular del Pentágono: duro y capaz de "planear, sincronizar y lanzar acciones globales contra las redes terroristas". No obstante, intentó ocultar el 'fuego amigo' que liquidó a Pat Tillman, astro del futbol americano que se sumó a sus fuerzas y acabó eclipsado por David Petraeus, comandante supremo de la ocupación que se anotó el 'triunfo' de 'pacificar' a la insurgencia sunita, sobornando a los caciques tribales.
 
En 2009 llegó a Afganistán con el objetivo de aplastar a la guerrilla. Un año después, sin embargo, McChrystal -algunas versiones señalan que estaba borracho- se pasó de listo en una entrevista con Rolling Stone, acompañado de sus oficiales que sorprendieron a la revista 'por su franqueza inusual'. McChrystal no dejó títere con cabeza: dijo que Obama lucía 'incómodo e intimidado' en su presencia y que parecía saber muy poco de la guerra. Se refirió al vicepresidente Joe Biden como Bite (mordida) y arremetió contra el enviado para Kabul, Richard Holbrooke, el embajador Karl Eikenberry y el asesor de Seguridad Nacional, James L. Jones.
 
Obama lo despidió en junio de 2010. Pero sigue vigente, más que nunca, la demanda del relator especial de Naciones Unidas para Derechos Humanos, Ben Emmerson, a fin de que se investiguen los crímenes del régimen Bush.