Opinión

Cambios que nada cambian

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El presidente Peña Nieto (centro) con los nuevos rostros de su gabinete, ayer. (Especial)

La esencia de los enroques anunciados la semana pasada por el presidente Enrique Peña Nieto es la constatación de que, en efecto, el gobierno desoye las críticas. Es el triunfo de la cerrazón.

El gobierno de Peña Nieto está a punto de cumplir un año en medio de una crisis de credibilidad. Como ocurrió aquel sábado de diciembre de 2011 en la FIL de Guadalajara, no sorprende que sea incapaz de citar tres libros; lo que asombra es la incapacidad para salir del atolladero a la hora de responder a una pregunta obvia en una feria literaria. En aquella ocasión tardó largos minutos en darse cuenta que se estaba hundiendo. Ahora lleva once meses sin tino. Cada intento por retomar la iniciativa ha resultado fallido. El más reciente es el de los cacareados cambios, parto de los montes donde los haya.

“Al llegar a este momento de la Administración -dijo el presidente Enrique Peña Nieto el jueves pasado- he decidido hacer cambios en mi equipo de Gobierno para hacer frente a las nuevas circunstancias y desafíos que tenemos como país”.

Sin embargo, los nombramientos que realizó el presidente no contribuirán a paliar o a resolver la corrupción, tampoco influirán en la economía, mucho menos tendrán algo qué ver con mejorar el desastre en procuración de justicia. Son cambios segundones.

El presidente es un estratega que no se quiere dar cuenta de que la debilidad de su línea de defensa quedó evidenciada por la fuga de un criminal de fama mundial. Y tampoco quiere ver que los motores que deberían impulsar al país no arrancan y que no tienen para cuándo.

La gente a la que el presidente encargó esas tareas, las de la seguridad y las de la economía, no fue ni removida, ni llamada a cambiar.

Porque no es una cuestión sólo de nombres. Es un problema de libreto. El presidente no lee adecuadamente el momento que atraviesa México, no advierte que debe cambiar su gobierno, la forma en que gobierna y las metas que persigue. Los nombramientos anunciados son apuntes a pie de página, lo que urge atajar es la sensación de que este gobierno no entiende, no puede y que, encima, son de dudosa honorabilidad.

Si el presidente no da una señal de cambio, si nada ha de modificarse en Gobernación y en Hacienda, entonces que nadie luego se haga el sorprendido si la crisis que enfrentan los partidos se convierte en una crisis política donde, en efecto, podrían surgir más populistas pero también anidan tentaciones autoritarias.

Sólo para no dejarlo de mencionar, de los nombramientos es claro que Nuño podría convertirse en un buen secretario, o que Renato Sales no debería estar condenado al fracaso, o que Meade es el milusos de la administración pública... Pero el mayor problema que enfrentarán estos funcionarios es que su gobierno ha perdido credibilidad.

Salvo que aguarde una sorpresa mayúscula para el día 2 de septiembre, cuando emitirá su mensaje anual, el presidente se ha dado el lujo de desperdiciar la ocasión del Tercer Informe de Gobierno para incorporar a su entorno gente que le ayude a relanzar la administración.

Al ratificar a Osorio Chong a pesar del fiasco de El Chapo, al mantener a Luis Videgaray a pesar del conflicto de interés por su casa de Higa en Malinalco, al despreciar como lo hace a la cancillería, al no cambiar de agenda, el presidente Peña Nieto se ha vuelto más débil. No saldrá de la crisis. Ojalá no meta a México en una.

Twitter: @SalCamarena

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