Opinión

Cambio vertiginoso

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Libros de historia (Especial)

Le decía ayer que el conocimiento se ha transformado profundamente en los últimos 25 años.

No creo que exagere si digo que es vertiginoso, y muy difícil de seguir. Le proponía cuatro ejemplos: antropología, arqueología, historia antigua e historia moderna. En todos ellos, las interpretaciones de hoy son realmente diferentes de las que se tenían hace un cuarto de siglo.

Pero esas interpretaciones anteriores son las que, en su mayoría, siguen en los libros de texto, en los programas de estudio, y en las mentes de quienes difunden información, sean maestros o gente de medios.

Permítame ahora otro ejemplo: lo que hemos aprendido de la mente humana. Simplemente no hay comparación con lo que se sabía hace 25 años. Es cierto que aún no entendemos buena parte de lo que ocurre dentro del cerebro, pero el avance es impresionante. El conocimiento fisiológico del cerebro, sumado al del comportamiento humano y animal, ha permitido entender cómo funcionan los sistemas periféricos (y gracias a ello empezar a resolver problemas de motricidad, visión y audición), cómo entendemos a los demás y cómo tomamos decisiones.

La revolución del conocimiento de los últimos 25 años tiene implicaciones muy serias. Por ejemplo, significa que buena parte de las explicaciones construidas durante el siglo XIX y al menos la mitad del siglo XX no tienen validez alguna. Pueden, y deben, estudiarse como parte de la historia del pensamiento, pero son tan útiles para entender el mundo como las discusiones teológicas del siglo IV. Y uso el ejemplo conscientemente, para recalcar el carácter religioso que dichas explicaciones llevan consigo.

Y puesto que esas explicaciones fueron el marco de referencia de infinidad de investigaciones, especialmente sociales, sicológicas y similares, lo que esto significa es que hay que archivar mucho. Si bien las explicaciones tienen el valor de ser parte de la historia del pensamiento, su aplicación ya no llega a tanto. Es decir, es útil entender por qué Marx escribió lo que escribió y por qué tuvo tanto impacto, pero es absurdo seguirlo usando como referencia. Y lo mismo ocurre con Freud. Hay más cosas rescatables en otros, como Weber, Durkheim, Piaget, cuyas intuiciones han podido respaldarse, al menos en parte, conforme aprendemos más.

Esto no significa que hoy tengamos ya dominado el conocimiento. Esto no es así, ni lo será nunca. Eso es precisamente lo que define al conocimiento científico: se toma como verdadero mientras no pueda demostrarse lo contrario. Cuando esto ocurre, se desecha lo anterior, y a esperar una nueva refutación. No es permanente, siempre es tentativo.

Pero la incertidumbre es una de las más grandes amenazas para los seres humanos, si no la mayor. No nos gusta. Queremos certezas.
Por eso las religiones, las creencias, son mucho más exitosas que la ciencia en términos de popularidad. Por eso las multitudes prefieren imaginar una conspiración a ahondar en asuntos y decisiones inciertas. Y eso convierte a las multitudes en botín de quienes pueden inventar estas explicaciones simples y creíbles: los demagogos.

Por tanto, la educación que sirve a la democracia es la que permite a las personas vivir en la incertidumbre. No la educación comprometida o revolucionaria, que no es sino una certeza de otro signo, pero igualmente errónea. Dominar la incertidumbre es lo que ha permitido los grandes éxitos humanos recientes: la ciencia, el crecimiento económico, la democracia. Eso tenemos que enseñar.

Twitter: @macariomx

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