Opinión

Cambio de programas y personas

Soy de los que piensan que Enrique Peña Nieto no se va a dejar vencer por la coyuntura extraordinariamente adversa que enfrenta, en buena medida derivada de errores y omisiones de su gobierno.

El principal de todos ha sido la soberbia mostrada por algunos miembros de su equipo, al sentirse tocados por los dioses: invulnerables e infalibles. Y se han equivocado donde más duele: en la sensibilidad para atender los reclamos más urgentes de los ciudadanos.

La caída en la popularidad no era un estado de ánimo de la población, susceptible de cambiarse con manejo de televisión, sino el desencanto de gente no escuchada.

Minimizaron el malestar por la situación económica, por la inseguridad y por el amiguismo a la hora de los contratos de obra pública.

Sin embargo difiero de los que cometen el mismo error, pero del otro lado: los que minimizan a Peña Nieto. Es inteligente y tiene valor. Va a reconocer y va a rectificar.

Pasado mañana jueves no va a “tirar la toalla” como pretenden sus adversarios políticos que lo quisieran ver fuera de Palacio Nacional.

Pero tiene que acusar recibo del malestar de la población y corregir lo que no ha funcionado. Qué los mexicanos perciban que su presidente los ha escuchado.

Él sabe que de los anuncios que haga el jueves, y de las personas que ponga para darles seguimiento, depende la viabilidad del gobierno en los próximos cuatro años.

Tendría que anunciarse ya el organismo nacional anticorrupción, y que al frente esté un ciudadano con autoridad moral y carácter para decir no, para frenar abusos y castigar los que se cometan.

Hay secretarios que ya no aportan nada, porque se desgastaron o porque nunca asumieron a cabalidad sus funciones. Áreas completas que no han dado resultados a la altura de la complejidad de los retos, como las de seguridad.

Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, no puede seguir en el cargo. Realidad o percepción, pero el hecho político es que las licitaciones han causado molestias en el sector privado, por el favoritismo con que se han operado. Y los secretarios en cualquier sistema político son fusibles, recambiables para evitar que se dañe al presidente.

Emilio Chuayffet ya cumplió su tarea en la Secretaría de Educación. En esta nueva etapa, de conflictos para operar la reforma educativa, se requiere otro perfil. Es inconcebible que desde la SEP no haya surgido un solo programa atractivo para los jóvenes, en un país donde no hay cabida para ellos en la educación superior y 22 por ciento de entre 15 y 29 años no estudia ni trabaja (nini).

El ninguneo a la juventud ha sido un sello negativo de este gobierno. Es cosa de ver la foto de los participantes del gobierno en la “mesa de diálogo” con los estudiantes del Politécnico, para entender que los jóvenes están ausentes en el gobierno.

Se ha tolerado la corrupción en áreas como el Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial. Todavía no se castiga a nadie por las inundaciones en Acapulco, originadas por cambios fraudulentos de uso de suelo.

Twitter: @PabloHiriart