Opinión

Cambiar es difícil

   
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Chocolate

Frida tiene una relación amorosa con el azúcar. En diferentes momentos del día sólo puede pensar en chocolates, galletas y pasteles. Cuando está aburrida, preocupada o triste, cree que su cerebro necesita azúcar. Tiene un mal hábito desde hace mucho tiempo, que ahora le cuesta un gran esfuerzo desautomatizar.

A veces pasan varias semanas en las que siente que su fuerza de voluntad está a la alza, pero el cambio dura poco y regresa a su adicción por el azúcar con un poco más de voracidad.

Cambiar es difícil. Quizá todos necesitamos transformar algún aspecto de nuestra vida: la relación con la comida, con el alcohol, con nuestro cuerpo, la calidad de la vida sexual o amorosa, nuestra forma de expresar o reprimir las emociones, la preocupación y la angustia como estilo de pensamiento, la tendencia a no enfrentar los problemas hasta que se vuelven insostenibles. La lista es infinita.

Tal vez, también, todos necesitamos estrategias y ayuda para lograr cambios sostenibles en el tiempo. Abundan las evidencias científicas sobre la influencia positiva de los grupos de autoayuda, como Alcohólicos Anónimos, sobre la importancia de tener un asesor profesional en nutrición si se trata de aprender a comer saludablemente, o sobre la utilidad de un espacio terapéutico cuando los asuntos a resolver están directamente relacionados con la personalidad, las defensas y el mundo interno.

Mario tiene una relación amorosa que vive como destructiva y lleva mucho tiempo queriendo terminar. Cuando la deja le falta el aire y la sensación de agujero en el pecho lo hace volver; la recupera y las cosas se calman un rato. Después comienza de nuevo la inestabilidad, las peleas y los desencuentros. Cada que se ha alejado de ella ha estado seguro de que ahora sí será para siempre. Se ha fallado todas las veces.

Sobreestimamos nuestra capacidad de autocontrol. Creemos que somos amos de nuestros impulsos. Nos gusta pensar que todo se reduce a la fuerza de voluntad y que podemos resistir la tentación. Pero el voluntarismo se hace añicos a la primera recaída, que nos recuerda que la voluntad es limitada, dependiente de las circunstancias (descanso, estrés, alimentación, finanzas, temperamento, emociones y un largo etcétera) y que si en verdad queremos transformar algo en nuestra vida, necesitamos una estrategia, un plan de emergencia y previsión de los obstáculos que encontraremos en el camino del cambio.

A veces cambiar se nos queda en buenas intenciones sin concretar, así que los objetivos deberían ser lo más específicos posible y lo más alejados de enunciados generales como “voy a comer mejor, cuidaré más mi mundo sentimental, controlaré mi mal carácter, seré más generosa, tendré una vida más equilibrada”.

Frida quiere moderar su consumo de azúcar y cuidar mucho más su alimentación. Ésa es la intención general que debe convertir en un objetivo concreto que explicite: que no comerá postres durante toda la semana y se dará permiso de comer uno durante el fin de semana. Si algún compañero en la oficina le ofrece galletas, le dirá que no porque está cuidando su alimentación. Evitará entrar en panaderías y dulcerías. Buscará algún sustituto de azúcar que ingerirá con moderación. Si siente la tentación de comer galletas, se levantará de su silla y saldrá a caminar unos minutos o hará una llamada.

Mario quiere terminar definitivamente la relación amorosa que los hace infelices a los dos. Necesita aterrizar la estrategia para alejarse. Tendrá que decirle con toda claridad que no la verá más. No contestará llamadas telefónicas, mensajes ni mails. Dejará de buscarla en las redes sociales para enterarse de su vida. Buscará actividades interesantes que lo distraigan en los momentos en que la extrañe. Será valiente y borrará todos sus datos del celular, la bloqueará para que no pueda contactarlo por ningún medio. Irá a terapia para hablar del duelo y los aprendizajes de la pérdida, hasta que logre cerrar definitivamente la relación.

Este enfoque cognitivo-conductual es útil para cambiar, porque contempla las estrategias específicas que pueden usarse para abandonar un mal hábito y adquirir uno bueno en su lugar. Sobra decir que es solamente un nivel de la transformación humana al que hay que apelar en primera instancia. Si no funciona, podríamos suponer que el problema es más profundo y está relacionado con aspectos inconscientes no procesados de la conducta, lo cual vuelve más difícil cambiar. Debe empezarse por lo más simple: aterrizar las intenciones y generar estrategias de cambio. Si fracasan, será necesario apelar al análisis de lo inconsciente, a la comprensión profunda y más densa de la propia forma de ser. Algunos cambios son simples y otros implican mucho más trabajo de introspección.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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