Opinión

Cadena humana

Gil lo leyó en su periódico El Financiero: el dictamen de la reforma en telecomunicaciones desata controversias. Y no sólo controversias sino la confusión de Gamés repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio. Entre la gritería, Gilga exclama: mí no comprende. El presidente de la Comisión de Comunicaciones del Senado, Javier Corral, presentará el dictamen de las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones. Por su parte, los senadores del PRD, encabezados por Barbosa, dieron a conocer otro proyecto. Lozano se injertó en pantera, Corral está en pie de guerra y Telefónica acusó a Telmex de no cumplir la reforma. Un pleito aquí, una bofetada allá, un escupitajo, una mentada.

En un artículo publicado en El Universal, Javier Corral dice que los mexicanos perderemos la libertad de golpe y porrazo. Se asedia al ser del mexicano con leyes que incendian la libertad de la expresión. Con los pelos de punta, Gil tuvo un ataque de nervios; caracho, si se trata de perder por completo la libertad, ¿cómo se pondrían ustedes, lector y lectora? Corral ha impulsado el Frente por la Comunicación Democrática que alerta “sobre las nefastas consecuencias que tendría –para el ejercicio de derechos humanos fundamentales- la aprobación de la iniciativa enviada por Enrique Peña Nieto en materia de telecomunicaciones y radiodifusión”. Diantres: para los derechos humanos fundamentales: ¿comida, educación, integridad? ¿Y todo por la reforma en telecomunicaciones?

Corral llama en su artículo a una cadena humana, desde la residencia oficial de Los Pinos hasta Televisa Chapultepec el próximo sábado. A Gamés le dan miedo las cadenas, pero si son humanas más todavía. A ver cómo se arregla Corral con las hordas que han sitiado Televisa, que hasta donde Gil entiende es un medio de comunicación entre cuyos derechos se encuentra la libertad de expresión, ¿o Televisa por ser Televisa se ha quedado sin derechos? ¿Avalaría el senador Corral un madurazo venezolano con tal de restarle poder a esa empresa?

Gamés abrió la botella de la demagogia en el amplísimo estudio y una rara fragancia lo mareó y lo arrojó a un extraño estado de confusión, como si hubiera bebido una botella de champaña. La ley secundaria responde, dice Corral, “a una componenda entre el interés del gobierno de Peña por controlar la información y el interés de Televisa por mantener su condición monopólica”. Gil no quiere hablar de algo que no entiende; por cierto, ¿alguno de ustedes podría explicarle a los mortales como Gamés la componenda?, pero con peras y con manzanas porque Gil es corto de entendederas.

El senador Corral se ha convertido en un activista y, como todos los activistas, le ha cedido algo de su inteligencia a la histeria. Oigan esto: “Y eso es precisamente lo que le han recordado al gobierno y a la televisión las redes sociales que se han convertido en un aliado para la causa que lo anima”. Pues con el perdón del senador, la causa que lo anima está muy loca y desvariada.

Gil ha visto memes del presidente Peña vestido de nazi; sí, leyó usted bien: de nazi. ¿Así es la cosa, senador? ¿Nos gobierna un régimen nazi? Recórcholis, senador, soyons serieux. Con la novedad de que “censurar Internet se equipara fielmente a la quema de libros realizada por los nazis en 1934”. ¿Nos hemos vuelto locos? Sí, y el senador el primero.

¿Ya de plano el Reichstag, Hindenburg, Hitler renacidos en México? Dice Corral: “De ahí la enorme importancia de los videos, audios, notas, infografías y hasta memes que circulan en redes sociales sobre el tema (…) Se tiene previsto, además, denunciar en instancias internacionales la regresión que constituiría una eventual aprobación de la iniciativa en sus pretensiones más contradictorias, organizar brigadas y activar todos los dispositivos a nuestro alcance para dar a conocer y fortalecer nuestra lucha en el país”. Pobre senador Corral, Gil lamenta decirle que ha probado ya el veneno de la militancia, que suele enceguecer linces.

Por lo demás, a Gil le gusta también activar todos los dispositivos, siempre y cuando sean Macintosh. Y algo muy importante: entre los memes y las mamas, Gamés prefiere las segundas, ni lo duden.

La máxima de Lillian Hellman espetó dentro del ático: “Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás”.

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