Opinión

Cada sociedad es lo que premia

 
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Línea A del Metro. (Cuartoscuro)

Si una sociedad premia el abuso y reconoce al tramposo como el astuto, el sagaz, el deslumbrante pícaro, tendrá que convivir con el abuso y el fraude.

Si una sociedad admira al corrupto y se le rinde, así sea veladamente, promoverá la corrupción y por más que se queje de ella seguirá impulsándola.

Si una familia se regocija porque el pequeño ya habla con vulgar aplomo y utiliza las palabras altisonantes que el padre distribuye con soltura incluso en su propia casa, deberá resignarse a ese lenguaje.

Si una sociedad permite que unos pisoteen los derechos de otros, generará confusión y desaliento y entregará el mando a la injusticia.

Si una sociedad baja los niveles de exigencia educativa, regala el paso de grado a grado y abarata los títulos profesionales, vivirá en la mediocridad.

Si una escuela premia la impuntualidad, el incumplimiento de tareas, el desacato a las normas, entregará a la sociedad egresados sin disciplina y creyentes de merecerlo todo.

Si una sociedad aplaude y reverencia la riqueza mal habida, sus niñas, niños y adolescentes aprenderán que el poder y la gloria de la fortuna son tales que no importan los medios que se utilicen para conseguirla.

Si una sociedad coloca el verbo tener por en encima de saber, hacer, amar, ayudar, trabajar, enseñar, vivirá en la amargura de la competencia entre sus miembros por tener más a cualquier precio y padecerá la frustración que ello produce.

Si una sociedad recompensa con impunidad al ladrón, al asesino, al secuestrador, al traficante, vivirá en medio de dolor y de violencia.

Si una sociedad se deja impresionar por el que viola las normas y de esa manera escala posiciones, estará condenada al endiosamiento de la trampa como vía de ascenso y al desprestigio del mérito como ruta a la superación.

Si una sociedad admira, así sea soterradamente, la capacidad de algunos para evadir las leyes, estará alentando la transgresión.

Si una sociedad ve en el criminal a una especie de héroe y modelo, protagonista de películas, series y telenovelas, estará incitando a sus niños y adolescentes a la fatal ilusión de un camino destructivo.

Si un medio de comunicación exalta la violencia, el engaño, el fraude, será corresponsable, aunque no lo reconozca, de los hechos delictivos que luego transmitirá en sus noticiarios como si nada tuviera que ver en ellos.

Si un cronista deportivo halaga al jugador que simuló una falta, al que engañó al árbitro, al que golpeó sin ser visto, revistiendo el ardid de picardía, inteligencia o experiencia, estará sembrando la semilla errónea en los niños que lo escuchan.

Si una sociedad ve con respeto al funcionario deshonesto y al delincuente de cuello blanco, y se asombra gustosa ante su poder y astucia, estará sugiriendo pautas de conducta para los siguientes funcionarios o empresarios.

Cada sociedad es lo que premia.

Las mejores sociedades son aquellas que premian el esfuerzo, el trabajo, el talento, la disciplina, la solidaridad, la equidad, la justicia, la creatividad.

Las mejores sociedades son las que castigan el abuso, el delito, la corrupción, la discriminación.

Las mejores sociedades son las que elevan el nivel de exigencia educativo, las que reconocen y retribuyen el mérito, las que impulsan la generación honesta de riqueza.

Las mejores sociedades son las que promueven la equidad social, multiplican las oportunidades para todos y alientan la solidaridad y la tolerancia.

Si se quiere saber cómo es una sociedad y cuál es su horizonte, basta con ver lo que premia. No lo que dice que premia, sino lo que consistente y verdaderamente premia.

Lo que premie la generación actual será lo que caracterice a la siguiente.

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