Opinión

Cada quien su caverna

  
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Realizará CNTE foro educativo el 9 de agosto

La ofensiva de la CNTE ha cansado a todos. Los empresarios se han hartado de la violencia y emplazan al gobierno a terminar con esto. El gobierno lo interpreta políticamente y les responde de forma agresiva.

Me parece que lo que estamos viendo es un enfrentamiento en el que cada parte está en su propia caverna, y apenas alcanza a ver su propia sombra. De un lado, la CNTE, creo que ya plenamente manipulada por sus compañeros de ruta, antes llamados subversivos, entiende este momento como determinante en su lucha por derrumbar al Estado y proceder a la construcción de una alternativa comunista. Si a usted esto le parece absurdo, no está solo, pero no olvide que lo que uno imagina como absurdo o posible depende mucho de la caverna en que se encuentra. La de Unión del Pueblo, ahora EPR, ERPI, TDR, etcétera, se construyó hace ya medio siglo, y no han salido de ella.

Pero algo similar ocurre con las otras dos partes del conflicto. Los empresarios no pueden entender la lentitud del gobierno frente a la CNTE, porque la posibilidad de que esta organización esté provocando para ser 'reprimida', y con ello derrumbar la legitimidad del gobierno y proceder a la revolución total es inimaginable. Los empresarios ven un caos público, reducción en la actividad económica, inseguridad, y tienen razón, pero la forma en que el conflicto debe administrarse no corresponde a su forma de ver el mundo.

Ya lo ha señalado atinadamente Fernando Dworak.

El gobierno, que conoce muy bien las estrategias de lucha popular prolongada, porque algunos de ellos incluso la utilizaron (para otros fines), se sorprende de que los empresarios le reclamen, cuando, en su visión, está haciendo lo que debería. Al no entender la queja, la ven en las sombras de su propia caverna, y la entienden como una estrategia política, tal vez de quienes los derrotaron hace apenas dos meses.

Decíamos ayer que las transformaciones profundas son de gran complejidad y riesgo, porque los equilibrios políticos se rompen. Quienes perciben que van a perder, reaccionan defendiéndose con las herramientas que tienen: políticas, de movilización, de fuerza. Quienes perciben que van a ganar, que por definición no estaban claramente organizados anteriormente (porque si lo hubieran estado, las reformas irían en su contra), perciben la reacción de los perdedores como una amenaza, y es contra ella que se manifiestan. El administrador del proceso (el gobierno) deja de tener un grupo a favor y otro en contra, para tener enfrente un conflicto general. Guiar ese conflicto requiere grandes dosis de legitimidad. En el caso que nos interesa, eso no existe.

La gran transformación que vive México ha resultado sumamente costosa para muchos. Una fracción del PRI fue desplazada hace 30 años, y no ha podido recuperarse, ni con el PRD ni con Morena. Varios de los grandes empresarios han venido a menos (aunque los muy grandes pueden navegar estas aguas con cierta facilidad). Las viejas organizaciones corporativas se han derrumbado y lo que queda de ellas está amenazado, de un lado, por las dificultades de las finanzas públicas (recuerde que los grandes sindicatos son todos gubernamentales), y del otro, por la ciudadanización de sus agremiados, que ya no son carne de cañón.

Y, detrás de todo esto, la ausencia de leyes, que era una virtud en el viejo régimen, es ahora un problema serio. El Estado no tiene fuerza suficiente para enfrentar al crimen, la corrupción ya no es el aceite de la maquinaria. Otro día platicamos de eso.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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