Opinión

Cabe suponer

 
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Joaquín El Chapo Guzmán,

Gil cavila: la fuga del Chapo Guzmán ha provocado ríos de tinta que están a punto de desbordarse. El comentariado nacional se ha encarnizado con el asunto. No es para menos, el criminal más sanguinario y poderoso del mundo se evadió de una cárcel mexicana de supuesta máxima seguridad. El escape de película le ha puesto a todo Dios los pelos de punta. Todos dicen, desdicen, subdicen y recontradicen. Entre las decenas de artículos que se publican en la prensa, uno atrajo poderosamente la atención del gacetillero que escribe esta Página del Fondo (ya quedamos en que toda atención que se respete debe atraer con poder), Gil se refiere a la contribución de Ricardo Raphael, un articulista que Gamés lee asiduamente y no pocas veces pondera. El artículo de marras se llama: “Guzmán Loera, operador del gobierno” y apareció en su periódico El Universal. Apenas leyó el texto, a Gilga le temblaron las piernas: ¿Guzmán Loera, operador del gobierno? Sí señor, cómo lo oyen.

Según Ricardo Raphael, “el 19 de enero de 2001, en el penal de Puente Grande fue liberado Joaquín Guzmán Loera para que ayudara a meter orden entre sus antiguos aliados (del narcotráfico). Su salida del reclusorio se disfrazó frente al público como si se tratara de una fuga extraordinaria. Las autoridades contaron que ese líder criminal había escapado dentro de un carrito de ropa sucia hasta la puerta de la cárcel”.

Gamés se dio un manazo en la frente. O sea: ¿el gobierno de Fox liberó al narcotraficante? Según esta versión, sí; simplemente puesto en libertad. Mañana sales, Chapiux, y me pones en orden a Los Zetas y de paso me saludas al Zambada. Adiós y buena suerte, gran Chapo de chapos, arréglanos este problema y no nos vamos a dar por mal servidos. Allá voy. Espero no quedarles mal porque luego se ponen muy pesados los de esas bandas asesinas rivales.

Chapo chafa
Dice Raphael que el aumento infernal de la violencia evidenció el error: Guzmán Loera no era un mediador eficiente entre el gobierno y los distintos grupos criminales.

Ahora mal de males: cuando el PRI vuelve al poder, Guzmán Loera de nuevo es apresado, “En Mazatlán afirman que la gran mayoría de los efectivos participantes en su captura eran hombres güeros y altos que hablaban inglés”. Ya decía Gilga que todo aquello olía intensamente a invasión norteamericana. Mecachis en veinte. Por cierto, en esa ocasión Gil andaba de parranda en Mazatlán y una hora después del arresto del Chapo-chafa, se presentó como periodista de fuste frente a los condominios Miramar y sólo vio soldados mexicanos, en fon, quizá Gilga todo lo sueña.

Aquí viene una vuelta (ni empiecen con sus cosas, no se trata de una vuelta charra), doble y mortal. “El Cartel Jalisco Nueva Generación opera hoy en geografías que antes eran gestionadas por los empresarios sinaloenses y, a diferencia de sus predecesores, no parecen estar dispuestos al pacto político”.

¿Empresarios sinaloenses? Gil pensaba que ante todo eran unos asesinos desalmados dedicados no sólo a traficar sino a matar a sangre fría, a secuestrar, a torturar, a barrer pueblos enteros. Que empresarios tan raros.

Reunión urgente en Pinos
Ricardo Raphael al micrófono: “Justo en ese contexto, Joaquín Guzmán Loera es excarcelado por segunda ocasión. La historia del operador libre se repite sin que sorprenda demasiado la coincidencia”. ¿Sorprenderse? ¡Qué va! Si lo más normal es que los gobiernos excarcelen a los delincuentes peligrosos y los ocupen en misiones imposibles.

Gamés no ha soportado la tentación de imaginar una reunión urgente en una oficina de Pinos. El presidente, visiblemente entusiasmado, le informa a sus secretarios más importantes y cercanos: Vamos a liberar al Chapo para que nos arregle el pleito con el Cartel Jalisco Nueva Generación porque de plano nosotros no damos golpe. ¿De acuerdo? Silencio en la oficina que rompe un secretario: le recuerdo señor que eso lo hizo Fox y le salió mal. El presidente se enfada: ¡cállese, haragán!, y cumpla órdenes superiores. Escucho ideas.

Minutos después de devanarse los sesos, un secretario de gobierno toma la palabra. Señor presidente: podríamos comprar un predio cercano al penal del Altiplano, desde ahí podríamos hacer un túnel de un kilómetro y medio a 19 metros de profundidad y llegar a la celda de nuestro operador Guzmán. Fingimos la fuga del siglo y El Chapo se va a cumplir sus instrucciones. El presidente contesta: no está mal, nada mal.

El mismo secretario interviene: tendríamos, desde luego, señor presidente, que enfrentar algunos pequeños problemas si liberamos al Chapo: una crisis de gobierno, la indignación de la sociedad, la crítica de la oposición, la solfa de la prensa internacional, la presión de Estados Unidos, la vergüenza, la exhibición de la corrupción del sistema penitenciario, la red de transas que atraviesa al gobierno. ¿No le importa, señor? El presidente se lleva los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y responde: no mucho. Hagámoslo, pero todo tiene que ocurrir mientras bebemos champaña en París.

Ya en serio: ¿qué le pachó al Richard?

Las famosas líneas de Calderón de la Barca espetaron dentro del ático de las frases célebres: “Qué es la vida? Un frenesí. /¿Qué es la vida? Una ilusión, /una sombra, una ficción; /y el mayor bien es pequeño: /que toda la vida es sueño, /y los sueños, sueños son”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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