Opinión

Bye bye Marcelo

Estoy convencido de que Marcelo Ebrard es un político de primera línea: astuto, sagaz, inteligente, competitivo, con olfato afinado al paso de los años, con sensibilidad social. Incluso he sido testigo de sus maniobras de negociación entre grupos de distintos “liderazgos” –dicen los perredistas- o dicho de otra forma, de poner en orden a huestes contrarias.

Desde los lejanos tiempos del salinismo –que él preferiría olvidar- Marcelo Ebrard desarrolló una extensa red de movimientos sociales capitalinos, agrupaciones y organizaciones que al paso de los años, se convertirían en la base urbana que sostiene al PRD en la ciudad de México. Buena parte de esas organizaciones fueron entregadas a René Bejarano y a su movimiento a mediados de los años 90, cuando resultaron esenciales para los triunfos cardenista y después lopez obradorcista.

El gran tejedor de esas redes fue el propio Marcelo, capital político que hizo efectivo en sus años como jefe de gobierno.

Su cálculo de no dividir o fracturar las izquierdas en las elecciones del 2012 fue equívoco. Ceder la candidatura a Andrés Manuel para que lo intentara por segunda ocasión resultó un desatino político, porque la posibilidad de recuperar el posicionamiento y la popularidad de Ebrard, se diluyó a gran velocidad.

Hoy Marcelo enfrenta uno de los momentos más graves y críticos de su carrera. La gran obra de ingeniería anunciada como la Línea de Metro más avanzada con tecnología de punta, fracasó por lo menos en la mitad de su trayecto, por errores de materiales, planeación, diseño y eventualmente -lo sabremos pronto- presupuesto.

Cuando el entonces Jefe de Gobierno del DF anunció orondo los 9 tipos de suelo que tuvieron que solventar para que el tendido de vías y la construcción de estaciones fuera una realidad, pretendió justificar los 7 mil millones de pesos adicionales que se gastaron en la obra. El presupuesto original de 17 mil millones, terminó en 24 mil, con una auditoría incompleta que no ha terminado de explicar con transparencia en qué y cómo se gastó esa fortuna de sobregasto.

Marcelo apareció ayer en una penosa conferencia de prensa, a sostener que está tranquilo y que está a disposición de las autoridades, sin mayor argumento ni explicación más precisa. ¿Señor Ebrard, qué falló? ¿Los peritajes fueron equivocados, falsos, al vapor? ¿Los ingenieros no le dijeron de la mala calidad de los materiales, los tornillos, los cojinetes y los durmientes? Todo lo que hoy demuestra la evidencia como mal hecho, de mala calidad, que se rompe, se fractura y pone en riesgo el funcionamiento de los trenes, ¿es resultado de ineficiencia o de corrupción?

La cualidad de reinventarse en política no es cosa fácil. Requiere de un enorme esfuerzo, capacidad, disciplina y extrema visión para construir alianzas y acuerdos. En México hay casos célebres de reinvención reciente, como la propia Rosario Robles después de su defenestración por parte del PRD y Andrés Manuel.

Ebrard fue capaz de recuperarse después de haber sido cesado por el presidente Fox en el inolvidable y sangriento caso del linchamiento en Tláhuac, donde el secretario de Seguridad Pública del DF en ese entonces brilló por su ausencia y su tardía reacción. Con el apoyo y la punzante oposición de Andrés Manuel a Fox, reinstaló a Marcelo en su gobierno, tal vez sólo para llevarle la contraria al presidente. Ese hecho fue esencial para la carrera de Marcelo hacia la jefatura del Gobierno del Distrito Federal.

A estas alturas, sin descartar lo alcanzado, se ve difícil que Ebrard pueda remontar el ridículo y el descrédito del desastre en la Línea 12. Todos los peritajes, la tecnología de punta, el orgullo de la línea más sofisticada que él presumió ante el entonces presidente Calderón, resultó insostenible con hechos a 16 meses de operación.

Parece un golpe mortal a la carrera política de un personaje que hoy no encuentra cabida en el PRD, donde prácticamente le han cerrado la puerta. Su horizonte más viable parece Movimiento Ciudadano, antes del éxodo que provocará el registro de Morena.