Opinión

'Bye, bye', Marcelo

 
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Marcelo Ebrard Casaubón

Hace un año más o menos, cuando se dio a conocer el enorme fiasco, fraude e irresponsabilidad que representó la obra y construcción de la Línea 12 del Metro, publiqué en este mismo espacio –bajo el mismo título– el futuro político de Marcelo Ebrard. Me pareció entonces que la difusión de tan ostentoso escándalo por ineficiencia, probable desviación de fondos, hipotético peculado, y demás decisiones que lindan en los márgenes de la legalidad como funcionario público, golpeaban a Ebrard en la línea de flotación.

El costo inmenso de 45 mil millones de pesos al erario capitalino y federal –porque hay fondos del gobierno de la República, que por cierto la Tesorería ha intentado recuperar infructuosamente– se convirtieron en un monumento a la torpeza, la impunidad y la falta de transparencia.

Marcelo Ebrard y Mario Delgado encabezaron la dupla que orquestó ese gigantesco operativo para fondear, distribuir presupuestos y administrar partidas presupuestales. Existe, aunque ellos insisten en negarlo, una evidente responsabilidad jurídica como funcionarios, pero sobretodo moral como fallidos servidores de una ciudadanía a la que prometen representar.

Las investigaciones, si bien elocuentes, han resultado incapaces para llevar ante la justicia al señor Ebrard, ya que el señor Delgado ostenta fuero constitucional en su calidad de senador por el PRD.

Pareciera que no existe voluntad política en el actual gobierno capitalino para fincar responsabilidades por evidentes datos que no cuadran en los reportes y los peritajes, resultado de la investigación. Aquí los hemos mencionado: ruedas incompatibles, trazado riesgoso, piso elevado innecesario, materiales de mala calidad, tipo de cambio inflado y muchas más.

Ayer el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, determinó que la candidatura plurinominal por Movimiento Ciudadano de Marcelo Ebrard para ser diputado federal era improcedente. Su fallo se sustenta en que el candidato concursó por la candidatura de dos partidos casi al mismo tiempo.

Es decir, se inhabilita al señor Ebrard para ser candidato a diputado federal, por un precepto electoral válido y transparente. No se le retira la candidatura –lástima– por su dudoso desempeño como titular del gobierno cuando se construyó la obra más costosa en la historia de la ciudad.

En este proceso electoral, abundan candidatos de pasado tortuoso, investigaciones abiertas, fraudes no comprobados, propiedades ilegales, adjudicaciones inexplicables en tiempos de su ejercicio como funcionarios además de pública cuestionable. Pero la ley no contempla mecanismos para filtrar a candidatos de dudosa reputación. Por eso tenemos postulados por todos los partidos que debieran, antes de ser registrados como candidatos, aclarar sus cuestionable pasado.
Hoy el Tribunal Electoral, en pleno uso de sus facultades legales, establece que este señor no puede ser candidato. Parece que Marcelo estaba tan urgido de ser diputado federal y obtener el anhelado fuero constitucional, que gestionó ante el PRD –su partido hasta que le dijeron que no, que mejor limpiara su nombre por la Línea 12– y de “protección o de colchón” con Movimiento Ciudadano.

Cuando fue rechazado por uno, le abrieron las puertas del segundo, sin mucho prurito ético o legal.

Marcelo es famoso por reinventarse políticamente. Militó en el PRI a principios de los 90, cuando fue secretario general de Gobierno capitalino con Manuel Camacho; pasó al Verde donde fue diputado federal (1997-2000) al que renunció para hacerse diputado independiente. Fundó después, junto a Camacho, el PCD –Partido Centro Democrático– que contendió en 2000 como candidato a jefe de Gobierno. Con astucia y habilidad que le definen, renunció a favor de López Obrador que en premio, ya electo, lo hizo secretario de Seguridad Pública. Vicente Fox lo corrió como secretario por el inolvidable caso de los policías ahorcados en Tláhuac.

Corrido y desacreditado, se hizo candidato y jefe de Gobierno bajo el manto protector de AMLO.

Ahora está en la lona una vez más. ¿Será la definitiva? ¿Lo veremos reinventarse una vez más?

Twitter: @LKourchenko

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