Opinión

¿'Bye bye', Dilma?

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El juicio político a Dilma Rousseff podría crear cambios en los mercado. (Reuters)

La votación en la Cámara de Diputados de Brasil el pasado domingo por la noche fue muchas cosas: histórica, ridícula, estrambótica, tropical, justiciera y vaya usted a saber cuántas más.

Por abrumadora mayoría, los diputados brasileños, votaron a favor de iniciar un proceso de “impeachment” (destitución) de la Señora Presidenta de la República del Brasil Dilma Rousseff.

Fue histórica porque nunca había sucedido antes, aunque Brasil es de los pocos países del mundo que han retirado a un presidente en turno, Fernando Collor de Mello, en 1992 sin golpe de Estado de por medio.

Fue ridícula porque los argumentos esgrimidos por los señores diputados, le hablaban a la masa popular que se apostaba en las plazas, no a jueces, legisladores, hombres de Estado que deberán enfrentar en las próximas semanas la delicada, riesgosa decisión de destituir al jefe del ejecutivo. Me recordó por momentos, los incendiados discursos de esa etapa brutal de la Revolución Francesa que la historia registra como “El Terror”. Cuando Robespierre, investido por una especie de suprapoderes, arremete contra nobles y burgueses y los envía por igual a la guillotina. Afilada hoja en plena plaza de la Concordia que cortó también el propio cuello de Robespierre unos 5 años después.

Los diputados brasileños quieren sangre, les urge entregar la cabeza de la presidenta a un pueblo enojado, ofendido, “ultrajado” dijeron algunos por una rampante corrupción que lo cubrió todo.

El presidente de la Cámara Eduardo Cunha, autor y promotor ferviente del impeachment, se encuentra también sometido a investigación por unas millonarias cuentas en Suiza que, suponen los investigadores, es resultado de la misma corrupción en los contratos y comisiones de Petrobras. A ver si el ilustre diputado Cunha que tanto promueve y aceita el proceso contra Dilma, no termina como Robespierre en algunos meses por venir.

Fue estrambótica y tropical porque escuchamos de todo: argumentos de telenovela, lágrimas ardientes por el dolor causado a un pueblo, historias familiares de legisladores heridos en su orgullo personal por la ilegalidad en el aparato de gobierno. Un poco demasiado, nuevamente carente de argumentos jurídicos y legales.

Por último fue justiciera, porque eso pretende: hacer justicia, que no un juicio, una investigación a fondo, un proceso profundo de reflexión y análisis de los excesos de los gobernantes. Sólo tomarse la justicia por asalto y entregar cabezas, como han hecho ya con empresarios, comisionistas, funcionarios del Partido de los Trabajadores y otros más.

No juzgarán a Dilma –si el proceso es aprobado en el Senado- por corrupción, porque aparentemente no hay elementos. Como sí los hay contra Lula, contra Oberdrecht (ya en la cárcel el desarrollador inmobiliario más grande y beneficiado por contratos y cuotas) contra el propio diputado Cunha. A Dilma la juzgarían por contraer créditos ilícitos de bancos públicos administrados por el gobierno, para cubrir faltantes en el presupuesto de la nación. Es decir, el caso se sustentaría en suscribir préstamos de bancos bajo su gobierno, para cubrir déficit presupuestal. Un tema más técnico que jurídico, aunque los ofendidos en Brasil no les importa ni el recurso ni la falta, sino la abrumadora corrupción que ha quedado al descubierto desde tiempos del Santo en desgracia, Lula da Silva, y que, infieren, Dilma es socia y corresponsable.

Entre las evidencias señaladas se habla de que su gobierno presionó al aparato de justicia para liberar a Oberdrecht, tal vez adivinando lo que vendría después. A cambio de testimonios, nombres, listas de dineros y pagos, cuentas escondidas, la justicia de Brasil ha recuperado más de 650 millones de dólares, y encarcelado a más de 24 personas. Parece apenas el principio.

El Senado tiene ahora unas tres semanas para analizar y votar el proceso. Si es favorable a la causa de destitución, como todo parece indicar, bastará con una mayoría simple para aprobarlo. En ese momento, Dilma sería separada por 180 días del cargo -6 meses- para que el proceso tenga lugar y el vicepresidente Michel Temer asuma como interino.

Es improbable que, de llegar a este punto, Dilma pudiese regresar al cargo, incluso aunque fuera declarada inocente.

Ayer anunció su firme deseo de luchar y dar la batalla, pero en círculos políticos brasileños se dice que si el Senado vota en su contra, la señora Roussef presentaría su renuncia para evitar –demasiado tarde- la vergüenza y la deshonra pública.

Nuevos partidos y nuevas alianzas se construirán en las siguientes semanas. Temer acusado de traidor por Dilma, no permanecerá mucho tiempo en el cargo y surgirán viejas y nuevas figuras para hacerse del poder.

Es la peor crisis económica en la historia de Brasil que además, arrastra, la peor crisis política en tiempos recientes.

Twitter: @LKourchenko

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