Opinión
GABRIELA LEÓN, CIENTÍFICA

“Buscas ayudar a tu país y los burócratas sólo piden su moche”

    
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Cuando era niña, un tumor amenazó una pierna de Gabriela León. Aunque no era cáncer, le quitaron el fémur y requirió cinco cirugías con injertos de hueso para regenerar el suyo. Un año se apoyó con muletas. Nadaba antes de las operaciones y nadó después, para recuperarse. A los veintitantos cruzó la Bahía de Acapulco y después se adentró en aguas abiertas.

Por eso siempre le interesaron los asuntos de salud. En la preparatoria era de las pocas que disfrutaban las clases de biología y química. Sin mayores dudas, estudió ingeniera bioquímica industrial, en la UAM Iztapalapa, porque era la universidad que estaba orientada a la industria farmacéutica. Ingresó a los 17 y a los 21 ya tenía su título. Se empleó en Cervecería Modelo. Estaba en el laboratorio, pero ella quería entrar a la planta de producción, donde no había mujeres.

Después trabajó en la constructora de su padre, rehabilitando tanques de agua potable, pero no hacía a un lado su sueño de operar una fábrica, así que aceptó un trabajo con un amigo que elaboraba productos de limpieza para autoservicios, como directora de operaciones. Más adelante, cuando dejó aquel puesto, Walmart le pidió que fabricara un producto para ellos, y así fue como, junto con su hermano, diseñador industrial de profesión, montó su propia empresa, que recientemente cumplió 18 años.

Después de hacer una buena cartera de clientes, se enfocó en la fabricación de jabones antibacteriales. León quería impactar en el sector salud. En consecuencia, cuando nadie prestaba atención a esos temas, optó sólo por fórmulas biodegradables. Convertirse en una industria verde fue su primera apuesta.

A pesar de haber conquistado clientes como Soriana, Chedraui y Disney, libraron más de una batalla con diversas crisis económicas. Luego, en 2008, ocurrió algo que transformó por completo a León y a su empresa: Bernardo, su hijo menor, enfermó de rotavirus, y contagió a su madre y a su abuela. Sólo el niño estuvo cerca de la muerte. En zonas rurales, el rotavirus, de hecho, deshidrata y mata a miles de niños. No hay antibiótico que lo venza. A partir de entonces, Gabriela se obsesionó con crear antibacteriales y proteger a más personas.

“Los virus son todo un mito en cuestión de salud; mucha gente les resta importancia, hasta que aparecen las pandemias, y las marcas que dicen que son capaces de eliminarlos, realmente no lo hacen. Además, son cancerígenas”.

Como si fuera cualquier cosa, los León se propusieron inventar una nanomolécula. Ya tenían la fábrica y un diminuto laboratorio, así que se adiestraron y desarrollaron la molécula con extractos vegetales, para que fuera inocua y biodegradable. La molécula funciona contra virus, hongos, esporas e incluso contra la tuberculosis. Se llama Nbelyax.

Una vez que la obtuvieron, la agregaron a lo que siempre había hecho: jabones, geles antibacteriales, limpiadores para desinfectar superficies y hospitales, esterilizantes para instrumental médico, y después a una línea bucal.

Después consiguieron la patente, con México como país ancla, y en 140 países más. Sin embargo, en el suyo le pidieron el infame moche. León se llevó la empresa a Reino Unido, que además le ofrecía incentivos fiscales y certeza jurídica para la patente. “Todo ha sido muy complicado y muy frustrante, porque sabes que puedes ayudar en tu país, impactar a millones de personas, y a los burócratas les da igual. Sólo quieren su tajada. El IMSS me dejó en estado de indefensión. Como no me moché, me inhabilitó. Al terminar el año, me castigaron con la segunda inhabilitación, por dos años. Me acusaron de falsificar documentos. Terminamos en tribunales y les ganamos”.

Con metodología de la OCDE, y de los laboratorios de la FDA, León demostró que su producto, en efecto, aniquila virus. Pero se negaba a que se le catalogara “como un vil antibacterial”. Y para generar credibilidad a la nanotecnología, entró a una aceleradora, donde conoció a Michael Dell, quien la recomendó para la aceleradora global de las Naciones Unidas, donde se agrupan las empresas que pueden cambiar al mundo. Ahí Gabriela conoció a Barack Obama, cuando era presidente, y después la buscó, a través de Luis Videgaray, Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional.

GRESMEX (el fabricante de Eviter) vende a algunos hospitales en México y también arrancó un programa de escuelas bioseguras. Sin embargo, su dueña sabe que, a través del IMSS, podría generar un verdadero impacto en la salud de los mexicanos. No obstante, ha encontrado demasiadas piedras en el camino. “No se explican que una pequeña empresa nacional pueda tener un desarrollo de impacto mundial”.

En 2014, Eviter fue enviado a África para combatir el ébola. León quiso hacerlo a través del secretario Idelfonso Guajardo, quien se negó. Entonces recurrió al fundador de FEDEX, Frederick W. Smith, quien puso a su disposición aviones para transportar el producto a Liberia. León tiene un reconocimiento por haber ayudado a contener dicha pandemia.

-¿Te han querido comprar?

-Sí, pero no me interesa ser la más rica del panteón, me interesa hacer empresa. Me asociaría, pero con alguien que comparta mis valores. En esta industria, a muchos no les importa generar daños mientras tengan utilidades. Afortunadamente, estamos haciendo sinergia con empresas suizas y creo que ellos nos van a llevar a otro nivel de ventas y de facturación.

La OMS calcula que en nuestro país mueren entre 23 y 27 personas al día por infecciones hospitalarias. León asegura que su producto podría reducir estas cifras de manera significativa. Pero lamenta: “En otros países nos tienen catalogados como una gran empresa en nanotecnología, aquí apenas somos una PYME emprendedora”.

Twitter: @scherermar

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