Opinión

Buscando a papá

   
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Creo que ya está claro que la fractura electoral (clivaje, le dicen) en el mundo desarrollado ocurre entre los jóvenes urbanos con estudios, de un lado, contra los viejitos, menos urbanizados y estudiados, pero más religiosos, del otro. Para no confundir a nadie, viejito significa mayor de 40 años, para este tema (y posiblemente para cualquiera).

El primer grupo votó en 2016 por Hillary en Estados Unidos, por la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, y en las elecciones francesas de 2017 su impacto no se percibe por la gran diferencia a favor de Macron en la segunda vuelta. Lo interesante es cuando consideramos las primarias en Estados Unidos, el referéndum y la elección en Reino Unido, y la primera vuelta francesa.

El joven urbano con estudios en Estados Unidos no quería votar por Hillary, sino por Bernie Sanders. Lo hicieron, pero no lo suficiente para poder ganarle a la tradición del Partido Demócrata. De hecho, el voto joven por Sanders en primarias y caucuses sumó más de dos millones, frente a 1.6 millones que votaron por Hillary y Trump sumados. Las mayores diferencias a favor de Sanders ocurren en Texas, Florida, Michigan, Wisconsin, Ohio y Pennsylvania. Son los votos que le faltaron a Clinton en noviembre.

En Francia, los votantes jóvenes querían a Mélenchon. Obtuvo 30 por ciento del voto entre menores de 24 años, por encima de los demás candidatos. Y su voto va cayendo conforme la edad de los votantes aumenta, exactamente al revés de lo que ocurrió con el socialista Fillon. Sin llegar al mismo comportamiento de Mélenchon, Le Pen también tuvo mucho apoyo de jóvenes, incluso en la segunda vuelta. En Reino Unido, el votante joven urbano y educado quería quedarse en la Unión Europea, y en la reciente elección votó por el laborismo, es decir, por Jeremy Corbyn.

Es interesante que los candidatos apoyados por los jóvenes sean exactamente lo contrario de ellos. Bernie Sanders tiene 76 años, Mélenchon 66 y Corbyn 68. Los tres, además, son de extrema izquierda en sus respectivos países. En economía, nadie propone más estatismo que ellos. En lo social nadie es más liberal. Ninguno de los tres parece ser muy bueno en cuestión de políticas públicas, por cierto. Los primeros dos sabían que no iban a ganar, y eso les permitió soltarse. Al tercero, Corbyn, creo que le ocurrió lo mismo: cuando May llamó a elecciones, él estaba prácticamente derrotado. Se soltó, y en cuestión de semanas estuvo a punto de ganar el Parlamento.

Los jóvenes urbanos educados parecen tener una posición muy liberal en lo social (es decir, en temas sexuales y raciales, que son los de moda. En otros, no lo son tanto). Y en materia económica es notable la inclinación antiliberal que priva entre ellos. Por eso el discurso contra el neoliberalismo, que los tres candidatos utilizaron, fue tan exitoso entre los jóvenes. Digo que me parece notable esa inclinación porque esos jóvenes han cosechado del liberalismo que desprecian. Habrá quien diga que enfrentan un futuro incierto y una economía que no les da espacio, pero eso no es tan claro. Ha sido muy raro que alguna generación no enfrente incertidumbre o dificultades para incorporarse al mercado. Pero ninguna ha tenido el sentimiento de merecimiento (entitlement) que tiene la actual. Acostumbrados a merecer, y recibir de sus mayores, le creen a una persona de la tercera edad que les ofrece el mundo que ellos sueñan: liberal en lo social, dirigido en lo económico, sin responsabilidad alguna. La adolescencia permanente.

Y sí, acá su líder es también de la tercera edad (64), y propone también economía dirigida e irresponsable. Las libertades sociales no son lo suyo, pero parece que se lo perdonan.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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