Opinión

Buenos líderes

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Eduardo Sojo. (Cuartoscuro)

En los próximos días Eduardo Sojo dejará la presidencia del Inegi. Creo que hay abrumadora mayoría, si no es que consenso, en reconocer su trabajo al frente de la institución. Ha sabido preservar la autonomía del Inegi, que es limitada desde su origen (vea la entrevista ayer de Sojo en estas páginas), y también modernizar continuamente la información que provee. En su gestión se transformó el instituto en su carácter legal, en general para bien. No dudo que algunas cosas se hubiesen podido hacer diferente, pero en el conjunto, creo que Eduardo Sojo merece un gran reconocimiento por su desempeño.

Sin embargo, Sojo tuvo una ventaja que es importante mencionar: el Inegi ha tenido buenos líderes. Unos mejores que otros, claro, y en distintos aspectos, pero creo que en general podemos hablar de un conjunto de personas que hicieron bien su trabajo, y eso se nota. El Inegi se crea en 1983, con base en la dirección de estadística que tenía Hacienda, y durante el sexenio de De la Madrid tuvo dos responsables: Pedro Aspe y Rogelio Montemayor. Por más de diez años lo dirigió Carlos Jarque, y por menos de dos, Antonio Puig. De 2001 a 2008 Gilberto Calvillo fue su director, y desde entonces estuvo Sojo al frente. Salvo Calvillo, más bien experto en informática, los demás han sido economistas, algunos con fuerte conocimiento de la estadística.

Los liderazgos importan, como lo muestra Inegi en su historia, y destacadamente estos últimos ocho años con Eduardo Sojo. Y tenemos otro ejemplo, sumamente interesante, en los gobiernos estatales. Sin ser el único factor, la calidad de los gobernadores es de la mayor importancia en el desempeño de las entidades federativas. Por ejemplo, Querétaro, que a últimas fechas muchos consideran un estado ejemplar, ha tenido una serie de buenos gobernadores. Al menos desde Mariano Palacios (1991-1997), aunque no hay consenso en su caso, Querétaro ha tenido buenos, o muy buenos gobernadores: Enrique Burgos, Ignacio Loyola, Francisco Garrido y José Calzada. Los resultados se ven, y el estado ha pasado de ser uno de los más pobres del país, a un ejemplo de crecimiento. Otra vez, no hablamos de perfección, porque eso no existe.

Un caso aún más interesante, para mí, es Tlaxcala, que tuvo también un grupo de gobernadores buenos: Sánchez Piedras (1975-1981), Tulio Hernández, Beatriz Paredes y José Antonio Álvarez Lima. En ese cuarto de siglo, Tlaxcala logró mejorar significativamente, especialmente en infraestructura e industria, pero a partir del nuevo siglo, se le acabó la suerte al estado, y los avances dejaron de existir. El liderazgo importa.

No es fácil encontrar secuencias de líderes exitosos en México. A veces porque las condiciones no son propicias para ciertas formas, y personas que en otros momentos hubiesen sido exitosas no lo son. A veces porque de plano quienes cargan con la responsabilidad no tienen las calificaciones necesarias. Construir instituciones sólidas es un mecanismo para reducir la variabilidad en los liderazgos, pero no es una garantía. En un país que apenas hace un par de generaciones era absolutamente personalista, no sería sabio apelar a la fortaleza institucional. Aún no.

El presidente ha propuesto a Julio Santaella como nuevo miembro de la junta de gobierno de Inegi. Santaella tiene todas las calificaciones para continuar la serie de liderazgos exitosos en esa institución, pero hay que esperar a su nombramiento y a la decisión de esa misma junta. Por lo pronto, felicidades a Sojo por su trabajo, y mucho éxito a quien lo continúe.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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