Opinión

Buenas y malas noticias en el Congreso

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Cámara de Diputados

Después de las reformas del Pacto por México, parecía que el resto de la administración del presidente Enrique Peña Nieto se concentraría en su implementación. Sin embargo, los hechos de violencia ocurridos en Iguala y los escándalos sobre posibles conflictos de interés nos recordaron que existe otra agenda de seguridad, justicia y combate a la corrupción tanto o más importante que la aprobada.

En el Congreso, los principales grupos parlamentarios ya se han puesto de acuerdo para sacar reformas sobre estos temas como parte de una agenda mínima. Durante este periodo ordinario se discutirán iniciativas para crear 32 mandos únicos policiales en las entidades que sustituirían a las policías municipales; para crear una ley contra la infiltración del crimen organizado en las autoridades municipales; para crear un sistema nacional anticorrupción; y para crear la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

Que los esfuerzos políticos se concentren en la seguridad, la justicia y el combate a la corrupción es una buena noticia. Sin embargo, existe al menos un riesgo que puede descarrilar las buenas intenciones de los legisladores: más y mejores leyes no se transforman automáticamente en mejores resultados.

En materia de corrupción, por ejemplo, a pesar de los numerosos esfuerzos por crear legislación vanguardista en materia de transparencia y combate a la corrupción, la percepción sobre la corrupción ha permanecido prácticamente sin cambios desde 1995
—según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional nuestra calificación se ha mantenido entre 3.3 y 3.7 durante los últimos quince años en una escala de 0 a 10—. La correcta implementación de una legislación incompleta puede ser más eficaz que la mala implementación de una ley perfecta.

En el periodo ordinario que se acaba de inaugurar, las buenas noticias son que los temas de seguridad, justicia y combate a la corrupción están de regreso en la agenda nacional. Las malas son que la sola creación de nuevas leyes no basta para tener un país más seguro, con una mejor justicia y con menos impunidad.

El autor es director de análisis político y legislativo de Integralia Consultores.

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