Opinión

Buenas noticias

 
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 [ El 40% de los empleados temporales obtienen un puesto permanente en Walmart  / Reuters] 

Es con frecuencia un problema recurrente en el ejercicio de la función pública, la percepción de ser incomprendido por la ciudadanía. La sensación de que a pesar de todos los esfuerzos el electorado no aprueba, respalda o ratifica el trabajo de los servidores públicos. En semanas recientes recibimos los números en materia de aprobación ciudadana al trabajo realizado por el presidente de la República. El índice más bajo de esta administración y en varios años de medir el ejercicio presidencial.

Recuerdo a la señora esposa del entonces presidente Ernesto Zedillo, quien no ocultaba su rechazo por los periodistas y comunicadores. Doña Nilda estaba convencida, lo dijo varias veces, que los medios y quienes en ellos trabajábamos no apreciábamos en su totalidad el esfuerzo y el trabajo de su esposo el presidente.

Recuerdo al presidente Calderón, molesto e insatisfecho por la constante crítica pública a su cruzada en contra de la delincuencia y el crimen organizado. En muchas reuniones con cónsules y embajadores, el presidente los instaba a hablar bien de México, como le pidió también a empresarios y al público en general. El presidente Calderón estaba convencido de que este país tenía muchas más cosas buenas, positivas, dignas de admiración que los malandros y criminales que en momentos como el presente parece que nos invaden y se apoderan de todo.

El presidente Peña Nieto pide rescatar las buenas noticias, impedir que nos invadan las malas noticias. Y tiene razón. Hay muy buenas noticias que valorar y apreciar, como el muy controlado y positivo índice de inflación en México; el crecimiento del sector manufacturero; el incremento del consumo según las tiendas de la ANTAD; la creciente inversión extranjera directa que, en buena medida, va a crear empleos.

Todas son buenas, todas acusan un manejo responsable de una economía que no alcanza a despegar, pero que aguanta los embates de las crisis externas, como el derrumbe del mercado petrolero, la contracción de China, la muy lenta recuperación estadounidense.

Buenas noticias que quedan opacadas, marginadas ante temas frívolos que bien podrían pasar totalmente desapercibidos. El penoso asunto del departamento de Miami acompañado del tono enérgico del presidente en su entrevista con Joaquín López Dóriga figura entre ellos. ¿No es más fácil comunicar con claridad y transparencia? Está claro que la propiedad pertenece a la señora Rivera desde mucho antes de su relación con el presidente Peña Nieto. Está declarada. Lo que resulta incomprensible es el préstamo para el pago de impuestos y más aún la sospecha, que no evidencia, de que utiliza ambos departamentos de forma integrada. La pieza de The Guardian tiene varios puntos débiles, falta de pruebas contundentes, afirmaciones no comprobadas como los hipotéticos contratos del señor Perdant. Con todo, son temas que atendidos con prontitud y eficiencia, comunicados en el remoto caso necesario con transparencia, pasarían inadvertidos.

Otro caso de grave insensibilidad, frivolidad y soberbia es el del señor Alfredo Castillo y su asistencia a los Juegos Olímpicos de Río. Es escandalosa su gestión al frente de la Conade, su enfrentamiento con las federaciones, la incapacidad de construir equipos, fomentar atletas, impulsar la calidad.

La imagen del boxeador Misael ‘boteando’ en transporte público es humillante para el sistema nacional del deporte. ¿Qué hace que un atleta de alto rendimiento deba mendigar en la calle para conseguir los fondos necesarios para acudir a una competencia internacional? ¿Y el presupuesto que el Congreso asigna a la Conade? Alfredo Castillo abusa de la amistad y el respaldo del presidente para cometer excesos, torpezas y muestras claras de cinismo. Novia uniformada, acreditada con gafete de delegación, aparentemente desfiló con la delegación en la ceremonia inaugural, ha capturado la atención de un funcionario de lamentable desempeño. Hay evidencias de que expidió acreditaciones adicionales –¿para familiares y amigos? ¿para quiénes?– como integrantes de prensa internacional, que fueron sorprendidos grabando imágenes en los estadios sin contar con la autorización respectiva.

Castillo enfrentará a su regreso la tormenta que él mismo creó, pero el presidente tendrá que tomar una vez más la decisión de retirar a un funcionario que, aunque muy cercano y de confianza, ha causado más daño que beneficios, en estos momentos, al país.

Y ni qué decir de la tardía y oscura acción legal en contra de los gobernadores delincuentes. Un buen gobierno tendría que convertirse en un campeón de la moralidad, la legalidad, la eficiencia, la investigación y la defensa ciudadana.

Las buenas noticias se ven opacadas, marginadas por temas que atendidos con oportunidad, eficiencia y transparencia, podrían haber dejado incluso de aparecer como noticias.

Twitter: @LKourchenko

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