Opinión

Buena gestión, desde el principio

29 noviembre 2013 5:2

 
 
Richard Branson / Distribuido por The New York Times Syndicate
 
 
Pregunta: ¿Cuál debería ser el papel de las grandes empresas en la promoción de la responsabilidad social corporativa y la buena gestión pública en todo el mundo?

 — Dani, Uganda.
 
  
Respuesta: Cuando yo tenía 16 años de edad, dejé la escuela para iniciar una pequeña revista llamada Student. Era el apogeo de los turbulentos años 60, y mis amigos y yo queríamos dar una voz más fuerte a nuestra generación. No nos detuvimos ahí. Tras el éxito de la revista, comenzamos un centro de orientación estudiantil donde los jóvenes podían recibir asesoría sobre temas que iban desde el control de la natalidad hasta salud mental. Viendo en retrospectiva, es evidente que siempre he sentido que un negocio, grande o pequeño, tiene la oportunidad y la responsabilidad de hacer el bien en una comunidad.
 
 
Los abusos son comunes, tanto por parte de las corporaciones como en la esfera pública. Demasiados lectores de esta columna me envían preguntas sobre cómo hacer frente a la corrupción y las demandas de sobornos cuando tratan de lanzar pequeñas empresas en países donde esas prácticas ocurren todo el tiempo. En más de cuatro décadas de hacer negocios en todo el mundo, he visto lo que sucede cuando compañías y funcionarios corruptos conspiran para servir a sus propios intereses egoístas: causan estragos en nuestro planeta y sus frágiles ecosistemas, destruyen comunidades y perpetúan el ciclo de pobreza. Como resultado, muchas personas desconfían de las empresas y las instituciones públicas. ¿Y por qué no deberían hacerlo?
 
 
Esas prácticas no sólo son moralmente erróneas, son malas para los negocios. Las empresas deberían defender una buena gestión pública, asumir una posición firme contra la corrupción y cabildear por un mundo mejor. Deberíamos estar luchando por crear y apoyar a comunidades fuertes y sanas porque la gente que vive en ellas son nuestros empleados y nuestros consumidores, nuestros proveedores e inversionistas; una empresa y la comunidad a la que sirve son interdependientes.
 
 
En estos días, Virgin es mucho más grande –hemos lanzado más de 400 negocios a lo largo de los años– y hemos aprendido un poco sobre las formas en que las grandes empresas pueden marcar una diferencia.
 
 
Una es a través de la mera escala. Muchas grandes corporaciones controlan enormes cadenas de suministro que involucran a miles de pequeñas empresas que operan en docenas de países. Las decisiones tomadas por el equipo de administración en la cima de la cadena (cualquier cosa desde usar materias primas más sustentables hasta mejorar la diversidad de género) se filtran a través de todo el sistema, y a menudo pueden producir un cambio más rápidamente que los gobiernos.
 
 
Un ejemplo del que aprendí fue la decisión de Wal-Mart hace varios años de conseguir y vender más focos de luz fluorescente compacta que ahorraban energía. Sus proveedores no estuvieron contentos, por supuesto, pero lo aceptaron y comenzaron a cambiar la producción en cuestión de meses. En comparación, a los legisladores europeos les tomó años llegar a un consenso sobre desaparecer gradualmente los focos ineficientes. Las regulaciones ambientales efectivas son necesarias, sin duda, pero las grandes empresas pueden abrir el camino.
 
 
Asumir una postura sobre algo que usted sabe que es correcto puede conducir a la innovación y más oportunidades de negocios. Considere lo que Safaricom y Vodafone lograron en Kenia y Tanzania con M-Pesa, un sistema de banca y pago móvil. Al ofrecer servicios bancarios sin sucursales a personas que anteriormente tenían poco acceso a las instituciones financieras, el sistema ha dado a millones de personas nuevas oportunidades, lo cual está impulsando el crecimiento económico y reduciendo la pobreza.
 
 
Hay mucho que las compañías grandes pueden hacer. Hace unos años, lanzamos la Sala de Guerra contra el Carbono (Carbon War Room), una iniciativa para identificar y ampliar las soluciones basadas en el mercado al cambio climático. El equipo de la CWR sabía que la industria de transportes mundial podía ahorrar hasta 70 mil millones de dólares al año y reducir las emisiones de carbono y otros contaminantes en hasta 30 por ciento si cambiaba a embarcaciones y tecnologías más eficientes en el uso de la energía.
 
 
Consecuentemente, el equipo empezó a trabajar con algunos de los participantes más grandes de la industria, los gobiernos y las ONG para derribar las barreras regulatorias y sistémicas para la producción de barcos más eficientes. El resultado: más de 4 millones de toneladas de emisiones de gases de invernadero ahorradas hasta ahora, con el potencial de muchas más.
 
 
Los derechos humanos, la igualdad de género, el régimen de derecho y la transparencia, la acción decisiva respecto al clima; éstas son sólo algunas de las áreas donde una gran empresa puede impulsar el cambio, y al mismo tiempo dar forma a su propio éxito a largo plazo.
 
 
¿Pero qué significa todo esto para los pequeños emprendedores? A largo plazo, los emprendedores impulsados por el valor o un propósito tienen una mucha mejor probabilidad de éxito en el mercado mundial.
 
 
Conforme los reguladores en todas partes hagan más estrictas las reglas, y conforme los consumidores demanden productos y servicios más sustentables, las marcas mundiales harán su parte para encontrar proveedores y socios que puedan demostrar que valoran a las personas y al planeta tanto como a las utilidades.
 
 
Ya está sucediendo, lo cual es una noticia grandiosa para los emprendedores decididos a ser una fuerza para hacer el bien en el mundo. Es una noticia excelente para nuestra sociedad y el planeta.