Opinión

Buckminster Fuller (I)

 
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Cultura hippie. (eltrasterodepalacio.wordpress.com)

Si tuviera que decir en una categoría qué fue lo que definió al menos la mitad del siglo pasado, muy probablemente diría que fue el “utopismo”.

Me refiero a aquel “idealismo” que definió diversos aspectos de la vida de posguerra y que encontró su punto más alto en el desarrollo de las décadas de los 60 y 70.

Momento de revolución y de reformas sociales, dentro de las que se posicionan la revolución sexual, la revolución feminista, los movimientos anti-guerra y por la paz, los movimientos de guerrilla, los diversos movimientos estudiantiles y de trabajadores, las revoluciones educativas, las reformas institucionales, la incierta y discutida entrada a la era de Acuario, así como la propagación de la cultura hippie que trajo consigo la exploración de estados alterados de conciencia y de otras formas de vida en comunidad, a través de las diversas comunas de diferente escala, funcionamiento, ubicación y duración, entre otras iniciativas. Todas estas sumadas a una serie de esfuerzos promovidos por aquellos nacidos durante la generación perdida, la generación grandiosa o la generación silenciosa; generaciones marcadas por los horrores de la guerra y la dureza de la grandes depresiones económicas, que para el final de un periodo de guerras mundiales quisieron dedicar su vida a una serie de transformaciones sociales, institucionales, tecnológicas y espirituales a fin de imaginar una nueva identidad y concepción de lo social que fuese capaz de transformar el mundo y la vida dentro de él en una más amable para las generaciones venideras.

Fácilmente podría pensarse que estas descripciones refieren en específico a la cultura norteamericana, la inglesa y la de la Europa continental.

Sin embargo habría que abrir la perspectiva para vislumbrar que estos cambios y actitudes utopistas inundaron la mayoría de las partes del globo y las actitudes de la época a nivel mundial. Tanto en la contracultura, como en los modelos institucionales, oficiales y gubernamentales.

Es en este contexto en el que se inscribe el pensamiento de Buckminster Fuller, dentro de esta serie de transformaciones y respuestas intencionadas. Haciéndolo de forma directa como un eje seminal y vertebral, casi como un gurú, como un maestro, precursor y agente clave para motivar estas transformaciones; debido a su edad le fue posible perfilarse como un guía para los más jóvenes. Fueron pocas las personas capaces de arriesgar su vida, de caer en la marginalidad, la nulidad y el rechazo para permitir a otros pensamientos ser y cuestionar las estructuras que tanto daño y dolor representaron para esas infancias.

El pensamiento de Buckminster procuró un idealismo bañando por una fuerza transformadora y caracterizado por ser proactivo, constructivo, que buscaba desde la afirmación posibilitar otro mundo de interconvivialidad.

Es por ello que en este mes de julio, en el que se celebran 121 años de su natalicio y 33 años de su muerte, le dedicamos a su vida, obra y pensamiento esta columna y la de la semana que viene.

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