Opinión

Brexit-Trump vs.
Thatcher-Reagan

 
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Trump, presidente electo. (Reuters)

El 1 de agosto escribía en este mismo espacio el relato de una pesadilla en la que se describía lo que sucedería si ganaba la presidencia el candidato Trump. “Hoy es 9 de noviembre de 2016 y estamos despertando con la noticia de que el candidato republicano Donald Trump ganó las elecciones del día anterior, al obtener la victoria en unos cuantos distritos electorales más que las que logró la candidata contendiente demócrata Hillary Clinton, quien obtuvo más de 500 mil votos de ventaja sobre su rival, pero con menos distritos, circunstancia por la cual perdió las elecciones la primer mujer en la historia en lograr la nominación de su partido”.

Después de describir un escenario dantesco en los mercados globales, al escuchar el primer discurso del presidente electo, y el imaginar algunas de las graves consecuencias para la economía americana y mundial al empujar sus promesas de campaña, terminaba el artículo diciendo: “Afortunadamente hoy no es 9 de noviembre, y esta pesadilla no es aún realidad. Si este escenario se concretara, Trump tendría que tener el control del Congreso, para poder implementar la gran mayoría de estas medidas. Evento que no parece fácil de lograrse, aunque en las elecciones los republicanos retuvieran la mayoría en el Congreso.

Los congresistas responden a sus intereses, y difícilmente van a aprobar medidas que afecten a sus votantes y sus patrocinadores. Es probable que Trump esté más solo que El Bronco de Nuevo León, quien enfrenta un constante freno a su mandato por la oposición en el Congreso”.

Ahora, esta pesadilla es una realidad. Ganó Trump por una amplia ventaja y con el control mayoritario del Congreso por parte de los republicanos en las dos cámaras.

La enorme duda que tiene el planeta entero es: ¿qué tanto los legisladores republicanos tienen la obligación de acatar el mandato recibido en las urnas, y qué tanto van a influir los enormes intereses de las grandes empresas estadounidenses e internacionales para frenar las promesas populacheras y electoreras de Trump?

Es curioso que son las potencias anglosajonas, el Reino Unido y Estados Unidos, las que con Thatcher y Reagan iniciaron la ideología neoliberal, de libre mercado y economías abiertas, junto con la globalización, quienes se vuelcan ahora hacia el proteccionismo y al populismo. (Brexit–Trump)

¿Qué falló? Por un lado los excesos del capitalismo salvaje, por otro la desigualdad, inherente al modelo del consenso de Washington, están cobrando ahora la factura de la miopía gubernamental. Los trabajadores y los desempleados del cinturón del óxido desplazados por los robots y por la exportación de los puestos de trabajo a países más baratos, han sido abandonados también por sus gobiernos.

¿Esto significa que el modelo de economía abierta, la regionalización y la globalización están muertos? No lo creo. El esquema de integración regional es una tendencia natural e irreversible. Brexit–Trump son una pausa en la evolución de la civilización, que debe servir para corregir ilusoriamente las deficiencias del modelo.

¿Cuál es la diferencia entre la propuesta Thatcher–Reagan y la propuesta Brexit–Trump? Brexit–Trump son dos fenómenos en los que la clase trabajadora exige mejores oportunidades, seducida por los políticos populistas, pero no son un modelo ideológico fundamentado en sí mismo. Sólo son una reacción de medidas pragmáticas que puede resultar muy cara para la sociedad ilusionada.

Por lo pronto hay que revisar con lupa el documento 'Contrato Trump' presentado en Gettysburg, Pensilvania el pasado 22 de octubre, en donde Trump expone su compromiso para los primeros 100 días de gobierno, que arrancan el 20 de enero.

Muy preocupante para México son las amenazas ahí expuestas: “Anunciaré mi intención de renegociar el TLCAN o retirarme del acuerdo bajo el Artículo 2205”. Así como: “voy a anunciar nuestra retirada del Acuerdo de Asociación Transpacífico”.

Para China, viene una declaración de guerra al prometer: “Daré instrucción al secretario del Tesoro para señalar a China como un manipulador de su divisa. Con lo cual podría imponer un arancel de 45 por ciento a las importaciones de ese país”.

En unas cuantas semanas estaremos viendo si el Congreso se inclina por seguir el mandato o por proteger los intereses de las empresas americanas y la salud fiscal del gobierno. En Bursamétrica vislumbramos una fuerte ruptura entre el presidente y el Congreso y su partido. Pero esto puede tardar meses o años.

El autor es presidente de Bursamétrica.

Twitter: @EOFarrillS59

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