Opinión

Breve reflexión sobre las reformas


 
Hoy por hoy veo mucha gente muy molesta por la reforma fiscal y en general percibo un sentimiento de decepción sobre la nueva administración. El retraso del gobierno en los pagos a proveedores, la continua revisión de pronósticos de crecimiento del PIB a la baja y ahora una reforma que cobra más impuestos a quienes ya pagamos, al aumentar poco la base de contribuyentes, están detrás de este malestar generalizado.
 
No obstante lo anterior, si llevamos a cabo una reflexión más profunda, creo que podemos llegar a ver que lo negativo es de corto plazo, las reformas van en la dirección correcta y que México podrá crecer a tasas mayores de manera sostenible y ser un mejor país en el mediano plazo. Lo mejor de todo es que, en mi opinión, podremos ver avances substanciales en menos de tres años.
 
 
El retraso del gobierno en los pagos a proveedores, en conjunción con la expectativa de una reforma fiscal recaudatoria fue determinante en la desaceleración del crecimiento del PIB este año. Sin embargo, cabe señalar que en muchos de los casos, el retraso se debió a cambios de administración y de partido -fenómeno que no ha ocurrido muchas veces en nuestro país-, así como parte de un diagnóstico en cada dependencia -solicitado por el mismo presidente de la República-, para recortar gasto superfluo y tener claros los pagos, subsidios y los proveedores, así como los canales por los cuáles se llevan a cabo los desembolsos. Lo positivo de esto, además de las revisiones que al parecer se llevaron a cabo, es que los retrasos no deben ocurrir más, al menos en lo que resta del sexenio.
 
 
Sobre la reforma fiscal, no hay duda que la gran omisión es no haber hecho mucho más por aumentar la base de contribuyentes, ya fuera vía IVA a alimentos y medicinas o llevarla a cabo en conjunción con una reforma de seguridad social integral, en la que se eliminara la cuota obrero-patronal del IMSS, como se expresaba en la serie de propuestas de campaña del presidente Peña Nieto. No obstante, la reforma aprobada aumenta la eficiencia recaudatoria al eliminar regímenes especiales y tratamientos preferenciales y disminuye la dificultad para las empresas de llevar la contabilidad del IETU, además de la del ISR. Asimismo, es más progresiva en el ISR para personas físicas, que aunque no nos guste y se nos siga cobrando más a quienes ya pagamos, es importante para un país con tanta desigualdad. Por otro lado, como lo he expuesto anteriormente, si bien considero que sería mejor que la población eligiera ingerir alimentos más sanos, por tener un nivel educativo más alto y no por impuestos, la nueva carga fiscal que se aplicará a la “comida chatarra” y a refrescos azucarados va en la dirección correcta, para intentar desincentivar el consumo de estos productos y al mismo tiempo servir de recaudación para enfrentar gastos médicos de quienes se tratan enfermedades relacionadas con la obesidad en clínicas de salud del sector público (recordemos que a los refrescos light no se les aplicará este nuevo impuesto).
 
 
Ahora, un objetivo que sí está logrando la reforma fiscal aprobada es reducir la dependencia de ingresos petroleros, de 34 por ciento actualmente, a 27 por ciento hacia 2018 y por otro lado, ofrece una menor carga fiscal a Pemex, otorgándole mayor espacio para invertir. Pero los dos aspectos más importantes de esta reforma, en mi opinión son: (1) Es probable que se pueda aprobar una reforma energética de gran calado con el PAN, a pesar de las últimas “amenazas no creíbles” que han emitido algunos de sus militantes; y (2) es un gran acierto político de la administración actual. Por un lado, querer aprobar todas las reformas con el PAN hubiera convertido al PRI en rehén político del PAN y no necesariamente se hubieran podido aprobar todas las reformas necesarias. Por otro lado, haber cobijado al PRD -que ya no cuenta con Andrés Manuel López Obrador entre sus filas-, le permite a ese partido sobrevivir por sí solo y ser partícipe de reformas, que de otra manera hubieran seguido “hundidos” en el “no” a todo polarizando a la población. Por lo que la mayor carga impositiva que pagaremos los formales será el pago que tenemos que hacer para lograr una reforma energética de gran calado, atender necesidades de la izquierda moderada -que representa a una buena parte de la sociedad mexicana-, y desarticular las posiciones de la izquierda extrema, que sólo atrasan al país.
 
 
Twitter: @G_Casillas