Opinión

Brasil: Y todo cambió

 
1
 

 

ME. 5 firmas mexicanas con riesgos ante la recesión de Brasil.

No hace tantos años, el mundo dirigía su mirada a Brasil, que acababa de reformar exitosamente su industria petrolera y acaparaba la inversión hacia Latinoamérica. Hoy el mundo voltea a Brasil, pero por otras razones. Así como fue exitoso hace poco, ahora está al borde del colapso; está sufriendo las consecuencias de sus propias decisiones. Hoy Brasil es víctima del gasto superfluo, de la corrupción y un poco de la mala suerte.

En 2010, hace solo cinco años, Brasil creció 7.5 por ciento. Todo era optimismo. Haber sido seleccionados para hacer el Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos hacían parecer que todo era una fiesta. Pero mucho ha cambiado. De 2011 a 2014 el crecimiento promedio fue 2.0 por ciento. Este año, la producción ya empezó a decrecer, la OCDE espera una disminución de 2.8 por ciento para 2015. La inflación se acerca a 10 por ciento. La tasa de desempleo en julio de este año fue 7.5 por ciento.

La disminución en la calificación de la deuda soberana brasileña, por parte de Standard & Poor´s, le quita el grado de inversión y la sitúa en terreno especulativo, complicando el escenario para la economía aún más. Si las otras dos calificadoras, Moody´s y Fitch, siguen la pauta que marcó S&P y rebajan la calificación, puede darse una fuerte salida de capitales ya que los fondos suelen invertir únicamente en papeles con grado de inversión.

Brasil tiene un gobierno muy caro. En 2010 su gasto público representó 43.5 por ciento del PIB, superior al de casi todos los países latinoamericanos. El sistema de pensiones de Brasil es uno de los más laxos del mundo. Los hombres pueden jubilarse a los 53 años y las mujeres a los 48. Brasil gasta 3.0 por ciento de su producto en mantener las pensiones de los beneficiarios de los asegurados en caso de muerte. Este sistema ocasiona una presión cada vez mayor en las cuentas públicas y un déficit creciente. La burocracia brasileña es enorme. Brasil tiene 39 secretarías y un número importante de burócratas de alto nivel.

La reforma energética que Brasil llevó a cabo finales de los 90 permitió la participación de capital privado, nacional y extranjero, en la exploración, explotación y refinación de hidrocarburos en Brasil. En otro momento, se veía esa reforma como el ejemplo de un proceso exitoso. Sin embargo, con el paso del tiempo, Brasil ha ido dando pasos hacia atrás. Ahora Petrobras tiene que ser el operador exclusivo de nuevos yacimientos, aunque puede asociarse con terceros. En licitaciones recientes, grandes empresas petroleras han optado por no participar. Los beneficios que exige el gobierno brasileño son demasiado altos. Esos cambios fueron antes del declive en el precio del petróleo. Ahora, esos proyectos serán aún menos rentables. Y no hemos hablado del escándalo de corrupción gigante en el que está envuelta Petrobras y diversos funcionarios.

No es casualidad que Brasil esté atravesando un mal momento. Se han llevado políticas fiscales y monetarias altamente expansivas. Al presentar el Presupuesto al Congreso, la presidenta Dilma Roussef estimó que Brasil tendrá este año, por primera vez en mucho tiempo, un déficit primario (previo al pago de intereses) de 0.5 por ciento del PIB, aunque estimaciones ajenas al gobierno consideran que puede ser mayor. La rebaja en la calificación crediticia de la deuda soberana de Brasil pone en evidencia los graves problemas económicos que atraviesa, pero también los complejos problemas políticos hacen la situación más crítica.

Salir del embrollo no será fácil. Hay reformas estructurales indispensables. Se debe cortar el obeso gasto público y reformar el sistema de pensiones. Sin embargo, dado el poco apoyo y la mínima popularidad que tiene la presidenta Roussef, es prácticamente imposible que estas reformas puedan pasar por el Congreso.

Hay lecciones que podemos aprender del caso brasileño. Podemos darnos cuenta de las consecuencias que podría tener un incremento absurdo del gasto. Podemos ver la necesidad de hacer reformas a tiempo y aprender a resistir las tentaciones de desandar los pasos ya dados. Y también podemos ver cómo la corrupción sí afecta a la actividad real de la economía, sí frena inversiones y sí cuesta en crecimiento.

Twitter: @ValeriaMoy

El dudoso, ¿o ficticio?, crecimiento de China
Al sexenio le quedan tres años y al país muchos más
La depreciación, la inflación y la Profeco