Opinión

Brasil y China

 
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Li Keqiang y Dilma Rousseff, en la sede de la cancillería (Itamaraty) de Brasilia. (Reuters)

La presidenta de Brasil Dilma Rousseff está en México, después de recibir la semana pasada al primer ministro chino Li Keqiang, con quien firmó 35 acuerdos que implican inversiones por 53 mil millones de dólares de Beijing en Brasil. Los más grandes son la construcción con capital chino de un tren del Atlántico al Pacífico; un crédito de siete mil millones de dólares a Petrobras (con todo y escándalo de corrupción), así como la compra de 60 aviones Embraer por parte de Tianjin Airlines. Las primeras 22 naves tendrán un costo aproximado de mil 100 millones de dólares. Todo esto en una estrategia económica para que el comercio entre China y Brasil pase de 79 mil millones de dólares en 2014 a 100 mil millones en los próximos dos años.

Después de Brasil, Li Keqiang viajó a Colombia, Perú y Chile. Durante una semana recorrió las cuatro economías más importantes de Sudamérica para estrechar sus lazos con la región.

Es decir, ante el rechazo, cancelación y frustración de la nueva estrategia de China con México, Li Keqiang, pragmático y veloz, visitó a nuestros “hermanos latinoamericanos” para hacer explícita, patente y concreta su voluntad de incrementar su relación comercial con América Latina.

¿Qué tanto habrán hablado o hablarán los presidentes Rousseff y Peña Nieto sobre Li Keqiang? ¿Cómo explicar que México no pudo poner en marcha una agenda tan ambiciosa como la que Brasil concretó este mismo mes de mayo? En 2014 la balanza comercial de México con China fue casi idéntica que la de China con Brasil (72 mil millones de dólares). Seguramente para 2018 y 2020 ya no será así.

De ahí la importancia de la agenda de crecimiento económico que México impulsa con Estados Unidos, Europa y el resto de Asia. De ahí la importancia de una mayor integración con esos tres mercados, fundada en las reformas estructurales, así como en cadenas productivas, con mayor valor agregado mexicano por cada unidad de exportación. Implica más trabajo, pero será más sólido y fructífero, que recibir a Li Keqiang con su chequera abierta.

Twitter: @julio_madrazo

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