Opinión

Brasil, otra vez

 
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ME Así recibirá Brasil a los turistas (Bloomberg)

Esta semana hemos tenido que hablar mucho del resto del mundo, especialmente de China y Estados Unidos, pero Brasil regresa. Hoy se cumplen 51 semanas de que el Senado de ese país separó a Dilma Rousseff temporalmente de su cargo para proceder a investigaciones de corrupción. En agosto pasado la suspensión fue definitiva.

En realidad se trató de un proceso de desafuero (impeachment, le dicen en Estados Unidos, y a lo mejor lo usaremos con alguna frecuencia en los próximos meses). Este mecanismo es el equivalente en los regímenes presidenciales de un voto de confianza en los parlamentarios. Aunque hay un tema judicial en el fondo, lo relevante es el proceso político en el cual el Ejecutivo debe sumar suficientes votos en el Legislativo para quitarse de encima la investigación. En Estados Unidos, por ejemplo, Clinton lo logró, y Nixon renunció porque sabía que no lo lograría. Dilma no lo logró.

Pero no es que la presidenta de Brasil fuese la única con acusaciones de corrupción. De hecho, lo que se le atribuyó fue mucho menos de lo que se ha estado achacando a buena parte de los políticos de ese país. En esta semana ya se formalizó una acusación contra Lula, por ejemplo, por recibir favores y por facilitar sobornos desde Petrobras. Ya se verá si es cierto. Pero la noticia más importante fue la divulgación de audios en los que el actual presidente, Michel Temer, aparecía aprobando los sobornos que la familia Batista le daba al presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, para evitar su testimonio en un proceso.

Cunha era el presidente de los diputados al inicio del proceso contra Dilma, pero él mismo fue acusado de corrupción, y en septiembre fue detenido y está sujeto a proceso dentro del gran abanico llamado Lava Jato (auto lavado), que es como se conoce la investigación contra corrupción que comanda Sergio Moro, joven juez de Curitiba, iniciada hace más de tres años y que ha desfondado a la clase política y empresarial de Brasil.

En el lado político, Dilma perdió su puesto, Temer lo tiene ahora en riesgo, Lula podría no ser candidato para el año próximo como esperaba, y decenas de diputados están ya en la cárcel. Del lado empresarial, el más importante constructor de ese país, Marcelo Odebrecht, está detenido y ha ofrecido información a cambio de mejor trato. Del audio del miércoles se desprende que los Batista también están en problemas. Elke Batista era el hombre más famoso de ese país en los círculos financieros internacionales hace muy poco tiempo.

La gran caída de los mercados brasileños de ayer (8.8 por ciento en la bolsa y una caída similar en el real) es una respuesta inmediata a la nueva turbulencia política, y tal vez aminore en las siguientes semanas, pero los problemas de Brasil son mayores. El éxito de su economía en la década pasada se debía a la gran demanda de recursos naturales de parte de China, que hoy no existe. Y Brasil no tiene capacidad para vender mucho más que eso, de forma que lleva ya dos años de recesión, y este año puede no ser muy diferente (aunque el primer trimestre había sido bueno). Por otro lado, las finanzas públicas de Brasil están realmente en malas condiciones, debido a un costo excesivo de pensiones, por un lado, y una estructura fiscal muy rara, por el otro.

Pero el trabajo de Sergio Moro creo que es algo que deberíamos estudiar, para poderlo replicar acá. Una limpiada tipo “Lava Jato” no nos haría mal.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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