Opinión

Brasil en llamas

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Marcha contra Dilma. (AP)

El gigante sudamericano enfrenta un terremoto político de dimensiones insospechadas, cuya conclusión es aún indeterminada. Tres caminos pudiera tener la demanda de retirar a la presidenta Dilma Rousseff del cargo: el primero sería un proceso de destitución formal (impeachment) vía desafuero parlamentario. Los diputados tendrían la misión de aceptar o no (con un tercio de la Cámara se puede detener) la solicitud de destitución, que de ser aprobada, pasaría al Senado brasileño, donde alcanzaría un grado de avance y madurez difícil de detener.

El segundo camino sería un proceso frente al Tribunal Superior Electoral, en caso de que se logren comprobar donaciones ilícitas y gastos de campaña fuera de la ley en la última campaña de la que resultó electa. En caso de abrirse el proceso, para aceptar las causales y encontrar las pruebas, los jueces tendrían que pasar por el voto parlamentario para desaforar a la presidenta.

La tercera vía sería la renuncia a su cargo, forzada por las circunstancias, presionada por su partido y, eventualmente, por su mentor y predecesor, Lula da Silva, cuya propia carrera está en juego.

Las protestas del pasado domingo por la avenida paulista en Sao Paolo no tienen precedente. Cientos de miles de personas en la exigencia de que Dilma se vaya. “Dilma Fuera” rezaban muchas de esas pancartas que acusan y denuncian a la mandataria de corrupta, encubridora, incapaz.

La crisis política tiene un ciclo distinto al de la crisis económica, pero ambas se han convertido en un motor imparable de alimentación mutua: son ya un círculo vicioso, donde una no se detendrá sin la otra. Los opositores a Dilma han logrado igualar, identificar a la crisis económica con el desastre de la corrupción política. La gente en la calle, asocia ambos conceptos y los retroalimenta como causa efecto.

Sin embargo hay más historias que contar. No solamente hay políticos corruptos, funcionarios y directivos de Petrobras que se dejaron seducir por los dineros fáciles y los pisos o las casas de playa como ahora le imputan al propio Lula, sino que existen muchos banqueros y empresarios beneficiados con los años de la abundancia y la derrama económica. Señores del capital brasileño que se sumaron al juego que benefició a millones de brasileños vulnerables y desprotegidos, pero también a empresarios ambiciosos y codiciosos. La cacería en contra de Dilma, señalan expertos y observadores internos, está directamente relacionada con los esfuerzos enormes de esos empresarios por encontrar y señalar culpables por la debacle económica, para saciar el rencor y el enojo de la población, pero al mismo tiempo, para distraer su atención. Son tan responsables unos, como otros.

Nadie se atreve a hacer un pronóstico. El juez Sergio Moro del proceso Lava Jato, la operación limpieza que ha revisado las cuentas y los excesos de los directivos de Petrobras, bien puede hacer un viraje y dirigir sus energías a los otros muchos implicados en el sector privado.

En el Congreso, la posición del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) del vicepresidente Michel Temer pudiera funcionar como fiel de la balanza. Mientras los ya no tan leales seguidores del Partido del Trabajo ( de Lula y de Dilma) empiezan a tomar distancia y pretender una 'escrupulosa' crítica a su presidenta, los aliancistas del PMDB podrían representar la tablita de salvación para una deteriorada Dilma Roussef que tiene apenas un 10 por ciento de aprobación popular.

Al interior del PT parecen estar dispuestos a sacrificar a la presidenta para salvar al partido y al héroe, con el propósito de relanzar una nueva campaña y colocar a Lula por tercera vez en la presidencia. Corren versiones en torno a la posible incorporación del mismo Lula al gobierno de Dilma, para protegerlo con un fuero gubernamental débil y desprestigiado, pero que neutralice a unos jueces sedientos de sangre.

Es la debacle, la desconfianza total, la sed de venganza y la desesperación por el escape. Una clase política que cayó en la trampa de la bonanza, de la derrama interminable, donde cada quien busca salvar su propio pellejo. Se acabaron las alianzas, se deslindan los compromisos. De estas ruinas tendrá que surgir un nuevo liderazgo que sea capaz de unificar a un Brasil receloso, ofendido, engañado.

Twitter: @LKourchenko

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