Opinión

Brasil: el Mundial
de los riesgos

Crecen los riesgos en Brasil de cara al mundial de futbol que arranca en menos de dos meses. Un empresario mexicano del más alto nivel reveló recientemente en una reunión de trabajo: “tenemos un nivel de riesgo de 58 por ciento”; es el “más elevado” en la historia de las copas del mundo, añadió.

Hay diferentes tipos de riesgos en este suceso global. Los dos más importantes son la violencia callejera y el terrorismo. La primera puede aparecer repentinamente, si las expresiones públicas de grupo extremistas salen de control. Lo segundo serían ejercicios planificados.

Actualmente el Congreso Nacional de Brasil debate la llamada “Iniciativa 449”, que ha sido etiquetada como “Ley Antiterrorismo”, y que brindaría amplios poderes a las fuerzas públicas para detener, contener y evitar sucesos violentos en ese país.

Brasil no cuenta al día de hoy con una ley antiterrorismo. La presidenta Dilma Rouseff tiene el reloj encima y quiere que esta legislación sea aprobada pronto. Si la nueva ley es aprobada, tipificaría como delito con pena máxima de 30 años en prisión a aquella persona que “cause o incite al terror utilizando amenazas o tratando de amenazar la vida, la integridad física o la libertad de alguna persona”.

Los grupos a favor de los derechos humanos están en contra de que se apruebe esta legislación, argumentando que va contra la libertad de expresión. La línea entre las protestas masivas antigubernamentales y el terrorismo parecería ser muy difusa a los ojos de esta posible nueva ley.

Hace unos días trascendió un supuesto reporte gubernamental que daba a conocer varios “riesgos de seguridad” que identificaba el gobierno de Rouseff ante la Copa del Mundo. En él, se estimada que en seis de las 12 ciudades había riesgos de violencia, incluyendo riesgos para la final en Río de Janeiro. El documento consignaba que en Belo Horizonte habría riesgo de protestas masivas de servidores públicos.

Porto Alegre es otra ciudad que preocupa por huelgas de transportistas.

Hay que consignar que ha habido momentos graves: el Viernes Santo hubo una ola de violencia generalizada en la ciudad de Salvador, con 39 personas muertas y rapiña masiva en farmacias, supermercados y tiendas de electrónicos.

Lo peor que le podría pasar a la Copa del Mundo y a la presidenta Rouseff es que hubiera un turista muerto durante la justa deportiva. Si ese escenario ocurriera, estaríamos ante un mundial bañado de sangre, lo que evidentemente nadie desea, pero que se convierte en un escenario al que, se quiera o no, se le tiene que asignar alguna probabilidad. Con un muerto bastaría, y el sueño de Brasil para posicionarse como potencia global terminaría por desbordarse definitivamente.

Twitter: @SOYCarlosMota