Opinión

Boehner y el bando de la obstrucción perpetua


 
Quién sabe si John A. Boehner, líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, sobreviva a la enésima crisis política desencadenada por el presupuesto, pero lo cierto es que la historia no dejará de asignarle su parte de responsabilidad por haber permitido, conciente o inconcientemente, que la ultraderecha del Tea Party, de los Ted Cruz y de los Rand Paul, llegara en esta ocasión hasta el cierre del gobierno federal.
 
 
En el estrecho horizonte de Boehner, quien sabe que tarde o temprano se remontará la disputa por el nuevo programa de salud de la Casa Blanca, hay dos prioridades: las elecciones intermedias de 2014, en las que estará en juego ante todo su curul, y los comicios presidenciales de 2016, que pueden ser ganados por el “Gran Viejo Partido” (GOP). Lo demás es lo de menos. Hace ya mucho tiempo que la popularidad del Congreso está por los suelos, muy por debajo incluso de los pobres números que en su momento ostentaron George W. Bush y Barack Obama, excepto donde le importa, que es su terruño en Ohio, donde la nueva apuesta es acompañar a los extremistas.
 
 
Así lo reafirmó en su mensaje de ayer Obama, al manifestar que “muchos diputados dejaron claro que si el speaker Boehner les hubiera permitido votar si o no para mantener al gobierno abierto sin compromisos, se habrían reunido suficientes sufragios de ambos partidos para seguir operando”.
 
 
Larga carrera
 
 
Después de 21 largos años de carrera legislativa, que hasta 2010 se vieron recompensados con el mando de la Cámara baja, sin embargo, es claro que Boehner fue rebasado por la estrella emergente del senador Cruz o que se dejó arrastrar por las hojas de té, empeñadas en radicalizar al GOP para derrocar al “socialista” Obama. Pero también hay que buscar las motivaciones económicas: Boehner se ha especializado en trabajar para los intereses de Wall Street y de las aseguradoras, lo que explicaría su rechazo al Obamacare, que con todas sus deficiencias y limitaciones trata de ampliar y abaratar la cobertura de salud para una generación que envejece, de la misma forma en que hizo una excepción a su chantaje y bloqueo perpetuos cuando respaldó el salvamento del sector financiero.
 
 
Para The Washington Post, el populismo derechista y xenofóbico del Tea Party superó muy rápido a Boehner y su par del Senado, Mitch McConnell, conservadores a la antigua, cercanos al “rebelde” John McCain, que en tiempos de recesión son vistos como dirigentes cansados y poco creativos, en vías de sustitución por grupos ajenos al talante moderado como la Fundación Heritage y FreedomWorks, por cierto, expertos en liquidar a la reforma migratoria.
 
 
El populismo incendiario también superó a los cachorros de los viejos jefes, Eric Cantor y Paul Ryan, quienes no acaban de despuntar en el Capitolio. No obstante, la “revuelta” del Tea Party no va contra su liderazgo o el “establecimiento” del GOP; “va contra cualquiera que acepte los límites de la realidad política. Los conservadores son excomulgados por su cálculo racional al servicio de sus convicciones, no por haberse equivocado de convicciones”.