Víctor Chávez - Miércoles, 22 de Mayo de 2013 08:54
Como el viejo PRI en busca de un “nuevo rostro” o como el pulverizado PRD que lucha por una unidad que nunca ha tenido del todo, qué lejos quedó el PAN de aquel lema que lo vio nacer:
“Acción Nacional: una organización de todos aquellos que sin prejuicios, resentimientos ni apetitos personales, quieren hacer valer en la vida pública su convicción en una causa clara, definida, coincidente con la naturaleza real de la Nación y conforme con la dignidad de la persona humana”. Manuel Gómez Morín, Septiembre 15, 1939.
Y, claro, lo que pasa es que el PAN abandonó su antiguo papel de oposición leal –durante 61 años- y se orientó a la conquista del poder por el poder mismo, a partir del año 2000.
Durante 1929, las facciones revolucionarias se aseguraron el poder a través de la formación del PNR (Partido Nacional Revolucionario) logrando desorganizar a todos los partidos anteriores. Asimismo, el vasconcelismo hacía renacer la esperanza a través de su ideología; en esta coyuntura Manuel Gómez Morín –uno de los llamados siete sabios- escribió a Vasconcelos:
“…yo siempre he creído que lo importante para México es lograr integrar un grupo, lo más selecto posible, en condiciones de perdurabilidad, de manera que su trabajo, sin precipitaciones, pueda ir teniendo cada día, por esfuerzo permanente, un valor y una importancia crecientes”.
Ante los hechos políticos que acontecieron en el país entre 1933 y 1935, años de agitación social y de crisis económica, cuando el PNR logró desmantelar las clases políticas, organizar a obreros y campesinos en los sectores de su partido, surgieron grupos de oposición cuyo denominador fue el rechazo al régimen político emprendido por el estado.
Ante ello, Gómez Morín también escribió:
“…una pesada tolvanera de apetitos desencadenados, de propaganda siniestra, de ideologías contradictorias, de mentiras sistemáticas, impide la visión limpia de la vida nacional”.
Motivado por los acontecimientos políticos de los años 30 y, aunado al establecimiento del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI) como único partido en el país, Manuel Gómez Morín, junto con un grupo de coetáneos, funda en enero de 1939 el Partido Acción Nacional y plantea:
“Quien desea establecer una doctrina básica, implícitamente opta por el abandono de las actitudes bizantinas de las discusiones críticas para adoptar una postura resuelta, una actividad definida, una acción constante de defensa y de realización de esa doctrina”.
“Al postular la primacía de la nación, el partido pretende que se afirmen los valores esenciales de tradición, de economía y de cultura. Busca también inspirar la ordenación jurídica y política de la nación en el reconocimiento de la persona humana concreta, cabal, y de las estructuras sociales que garanticen verdaderamente su vida y desarrollo.”
Gómez Morín consideraba que lo más urgente era crear conciencia ciudadana, para que los mexicanos se percataran de los problemas que tenía el país y despertara en ellos el deseo de participar en la solución.
Inician las desviaciones y no hay candidatos
El PAN ha vivido hasta ahora tres grandes y notables crisis en su historia: la de 1964, cuando la cúpula del partido se confronta y se desintegra debido a las irreconciliables diferencias con el conservadurismo católico, la de 1975 con José Angel Conchello y Pablo Emilio Madero, y la de 1992 con el Foro Doctrinario.
Gómez Morín dirigió al nuevo partido –el PAN- durante diez años, hasta 1949, luego fue una especie de líder moral hasta 1972.
Por ello, las ideas y el proyecto se quedaron ahí. ¿En qué se convirtió el PAN: en una alternativa de poder o en un instrumento de la oligarquía empresarial?
Y es que, desde 1975, el entonces presidente Efraín González Morfín denunció que el PAN se había apartado ya de su concepción original y que se había tornado en un instrumento de los grandes empresarios:
“Debo denunciar y reprobar ante ustedes la creación y mantenimiento, incluso mantenimiento financiero, de otro partido Acción Nacional, con ideología, organización, jerarquía, lealtades y comunicaciones al margen y en contra del Partido Acción Nacional legitimo y estatutario”.
Incluso se señaló a los prototipos panistas: José Angel Conchello y Pablo Emilio Madero, como los principales responsables de esa “organización paralela al PAN”.
Ello les derivó que en se entonces no presentaran candidato a la Presidencia de la República para 1976, la única vez desde 1956.
En 1992, la otra crisis.
Personajes íconos del panismo: Pablo Emilio Madero, Jesús González Schmall, Bernado Bátiz, Eugenio Ortiz Gallegos, entre otros, afiliados al movimiento Foro Democrático, rompieron con el liderazgo y renunciaron al partido, por el “excesivo pragmatismo” de su dirigencia y por la “colaboración” brindada al PRI, a cambio de reformas políticas parciales.
La cercanía y las alianzas de otra figura del panismo, Diego Fernández, “el jefe Diego”, con el entonces presidente, Carlos Salinas, hicieron el abanderado presidencial del PAN –Fernández de Cevallos- un buen candidato, pero un mal competidor y perdió frente a Ernesto Zedillo. Era el ganador, pero de pronto, sospechosamente, se perdió, se esfumó y perdió por de fault.
Desde el año 2000, Vicente Fox y Felipe Calderón se apoderaron del partido y lo hicieron a su manera, a su estilo. Fox quiso lanzar a su esposa, Marta Sahagún, como su sucesora y lo perdió todo, hasta su militancia. Felipe Calderón impuso a sus jóvenes incondicionales e inexpertos al frente del PAN, lo que derivó en derrota tras derrota y a la debacle electoral: Germán Martínez y César Nava, quienes, por orden presidencial, hicieron del PAN una agencia de empleos, parte de la nómina del gobierno y crearon un padrón virtual para hacer creer que el PAN crecía.
Hoy los calderonistas truenan con Gustavo Madero en la disputa de un cascarón de Acción Nacional: sin ideología, sin los principios que le dieron origen, sin figuras de arrastre, sin estrategia electoral, sin candidatos locales, sin credibilidad, lo que les avizora una nueva debacle en todos los ámbitos durante varios años.