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Nelly Acosta - Sábado, 18 de Mayo de 2013 06:19
Parece inevitable arrojar cifras siempre que se conmemora un Día de Algo... Para el caso del Internet, me parece un poco equivocado: este 17 de mayo, nombrado por la ONU como el Día de Internet, la idea es hacer conciencia de su uso, encontrar formas de ayudar a otros a disfrutar de sus beneficios, y sobre todo, de reflexionar sobre su papel en la sociedad.
Cierto, las cifras orientan, son una brújula, pero en lugar de 'hacerle el caldo gordo' a los números, los invito a hacer un viaje de nostalgia y recordar la primera vez que usaron el Internet... ¿lo recuerdan?
Yo lo usé, quizás, en el trabajo de mi mamá. Era más allá de lo que mi visión del futuro imaginaba: en mi escuela sí había computadoras pero sólo con juegos y clases de MSDOS y cosas tan aburridas, que por fortuna ya no recuerdo.
¿Recuerdan lo primero que hicieron en línea? Yo no. Supongo que no supe qué buscar, qué escribir, qué hacer. Con el tiempo, me hice el hábito de mandarle un e-mail a mi mejor amigo de la universidad --a quien veía diario-- y revisar si me había contestado el mensaje anterior. Era un tanto absurdo: Yo le mandaba un mensaje con "Hola". Él me contestaba 3 días después: "¿Ya hiciste la tarea?". Y así, monólogo tras monólogo, creábamos nuestra relación digital, la cual, más de 15 años después, continúa.
¿Y en casa? Pasaron varios años, muchos, para tener Internet. Vivía con una amiga y decidimos pagar, lo que en esa época, sonaba a una fortuna. Era un gran conflicto: teníamos que enchufarnos al cable del teléfono --unos minutos antes de hacerlo, cada una hablaba con quien se suponía le pudiera marcar, no fuera a ser-- y turnarnos, una hora cada quien, sólo por las noches. El cobro era por minuto, nada de excederse, nada de robarle minutos a la otra. Tampoco había gran cosa qué hacer.
Lo cierto es, que hoy me resulta una extensión de mi vida. No podría aguantar un día sin poderme conectar: hoy trabajo, estudio, tengo amigos, me encuentro con mi familia y entiendo un poco de la vida, siempre por web.
Si las cifras no mienten --¡la maldita necesidad de recurrir a los números!-- en México y en el mundo completo, aún somos muy pocos los privilegiados: menos de la mitad de la población total. Dicen que todo está en el ancho de banda, en las políticas públicas, en el poder adquisitivo...
Yo lo veo más simple: si cada persona enganchada al Internet, comparte con alguien, con una sola persona, algo que considere relevante, habrá logrado reducir eso que los expertos llaman la 'brecha digital'. Pues de nada sirve llevar fibra óptica, computadoras donadas --y caducas-- a poblados en donde ni agua hay, o forzar a quienes no le encuentran el mayor chiste, a usar una pantalla para ver algo que no se sabe ni para qué sirve.
Hace unas semanas, le mostré a un taxista cómo mi mamá me mandaba fotos por celular. ¿A poco eso es el Internet? Me pidió que le enseñara, me pasó su teléfono --que por cierto, era de lo más sofisticado-- y quedó encantado. Ya ni me quería cobrar el viaje.
Este personaje no estará jamás dentro de las cifras ni dentro de los rankings de hábitos, ni siquiera será parte de una historia de éxito... pero sí podrá decir que ya sabe lo que el Internet puede hacer por él.