¿Qué significa ‘democratizar’ la productividad?

CEEY - Jueves, 06 de Junio de 2013 10:48

 

 

 

Pablo Majluf *

 

 

¿Cuál es la diferencia entre los grandes empresarios estadounidenses y los grandes empresarios mexicanos? ¿Entre Mark Zuckerberg, Larry Page, Steve Jobs y Bill Gates, y Carlos Slim, Alberto Bailleres, Carlos Hank y Emilio Azcárraga?

 

La gran diferencia, la más trascendental, es que los primeros inventaron algo para su sociedad, haciéndose ricos por añadidura, mientras los segundos no inventaron nada y su riqueza es resultado de una o más de las siguientes razones:

  • concesión estatal de algún bien público
  • una herencia
  • buenas relaciones con el gobierno
  • suma de capitales accionarios y participaciones bursátiles

 

Los grandes magnates mexicanos no inventaron un nuevo lenguaje, un diseño, una medicina, una tecnología o un producto que cambiara a México (o el mundo), sino que simple y llanamente fueron buenos administradores: gestionaron y explotaron correctamente un recurso, coyuntura o relación.

 

Y no son los empresarios de ahora sino los de toda la historia de México. Reto al lector a pensar en un empresario mexicano de alto nivel que se haya hecho rico a cambio de una innovación. Ya sea que no haya habido innovadores o que los innovadores no se hayan hecho ricos, el asunto es que la innovación nunca ha sido premiada.

 

Las hipótesis históricas de por qué ocurre esto son muchas y van desde:

  • la diferencia en capitalismos que practicaban nuestras respectivas madres patrias (Inglaterra funcionaba a través de un capitalismo progresivo y España a través de uno esencialmente explotador)
  • que en México los empresarios siempre fueron creados desde el Estado como un sector incorporado a sus arcas
  • que la ideología nacional-revolucionaria despreciaba la innovación, la libre empresa y el espíritu emprendedor en beneficio del colectivismo
  • hasta que la innovación no es parte de nuestro carácter nacional ni, incluso, una proclividad de la religión predominante

 

En realidad, el problema es sistémico, práctico, y no sólo implica a los empresarios, sino a toda la sociedad.

 

Por ejemplo, ¿en qué se parecen este fenómeno y que México sea el país de la OCDE que más trabaja pero menos eficiente es? Según el informe anual de estadísticas sociales 2013 de la OCDE, los mexicanos trabajan, en promedio, más de 2,200 horas anuales, 500 horas más que los estadounidenses. ¿Cómo puede ser, entonces, que un país que trabaja más, produzca menos?

 

Muy sencillo: un sistema disfuncional donde la productividad no es primordial. En México no hay los incentivos económicos, fiscales, sociales y mucho menos culturales para innovar y producir de manera eficiente.

 

Por eso ‘democratizar’ la productividad es uno de los ejes primarios del gobierno de Enrique Peña Nieto. En sus propias palabras, en la instalación del Comité Nacional de la Productividad, “si México hubiera tenido los niveles de productividad que tuvo una nación como Corea del Sur en los últimos años, el PIB de México sería cuatro veces mayor y la pobreza 86 por ciento menor.”

 

Pero, ¿qué quiere decir democratizar la productividad? En esencia es eliminar todas las trabas que impiden que los empresarios inventen y que los trabajadores sean eficientes. Todos los atracaderos que nos impiden crecer.

 

¿Cuáles son?

 

  • Falta de Competencia. Uno de los mayores impedimentos a la productividad es la falta de competencia. Cuando muchos productores compiten por un mercado o producto, la eficiencia e innovación, dentro de muchas otras, se convierten en metas propias que el consumidor premia. Si un empresario no tiene competencia, ¿por qué habría de innovar? ¿Por qué habría de ser más eficiente? Si tiene competencia, deseará mantener a sus consumidores y será más eficiente, innovador y ofrecerá un mejor servicio.

 

  • Subsidios. Los subsidios en México son un impedimento a la productividad porque incentivan la indisposición. Si un grupo o sector de la sociedad es subvencionado por el Estado –y ese flujo de apoyo es constante y perpetuo–, ¿por qué habría de trabajar más y mejor? ¿Por qué habría de buscar nuevas fuentes de ingreso a través de la innovación?

 

  • Petróleo. Vivir del petróleo (o cualquier otro recurso) es como vivir de un subsidio que promueve la indisposición. Cuando una nación vive de un recurso como el Imperio Español del oro, tarde o temprano se dormirá en sus laureles a disfrutar la vendimia y, como sucedió a España, cuando despierte, otras naciones lo habrán superado. La eficiencia, el trabajo, la productividad y la innovación se lastiman. México vivió de petróleo todo el siglo XX. No tuvo la necesidad de ser productivo en otras áreas.

 

  • Mafias. Llámele sindicatos, franeleros, puesteros, informales, lo que sea. Los grupos que, en su colectividad detentan un poder por encima del grueso social, extrayéndole riqueza injustamente, no pagando impuestos y apoderándose de recursos y espacios públicos, invitan a la holgazanería y la desidia a costa de la innovación y el trabajo.  

 

  • Sistema Financiero. Muchas veces hay la disposición emprendedora, el espíritu innovador, la asociación empresarial pero no los recursos. A Mark Zuckerberg, Bill Gates y Steve Jobs los apoyaron capitalistas de riesgo –llamados venture capitalists– que creyeron en sus proyectos y les inyectaron capital. Sin soporte del sistema financiero-bancario es muy difícil que un emprendedor lo logre solo. Por eso es tan importante la reforma financiera, porque, en teoría, estimulará el crédito, la inversión y la innovación.

 

Por supuesto existen muchas más trabas, como la estructura obrero-patronal, la protección aduanera, la educación, el crimen organizado, etc.

 

El punto es que si el Presidente Peña Nieto quiere democratizar la productividad tendrá que deshacerse de aquello mismo que dio poder a sus antecesores: estructuras piramidales, colectivistas y monopólicas en las que el individuo y su voluntad importan poco, donde lo preponderante es el conjunto, siempre aglutinado bajo el mando de un líder asociado con el gobierno. Para democratizar la productividad prácticamente hay que rehacer a México…y cortar muchas cabezas. Vale la pena.

 

* @pablo_majluf es licenciado en Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y maestro en Comunicación y Cultura Digital por la Universidad de Sydney. Es coordinador de Información Digital del CEEY.

 

 

 

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