Verdaderos estrategas

CEEY - Miércoles, 22 de Mayo de 2013 15:54

 

 

 

Claudia Debler Berentsen *

 

Lo que necesitamos los mexicanos son verdaderos estrategas. El filósofo chino, Sun Tzu, señaló en su obra maestra “El arte de la guerra”, que el arte de la estrategia es de importancia vital para el país. Es el terreno de la vida y de la muerte, el camino a la seguridad o a la ruina. Él estaba convencido de que si se cumplen las instrucciones y las personas son sinceramente leales y comprometidas, los planes y preparativos se implementan con firmeza. Frente a la adversidad México necesita servidores públicos expertos en proyectar y dirigir operaciones, no magos de la improvisación.

 

Es cierto que no estamos en guerra, pero sí ante un estado fallido que navega sin rumbo claro. Quienes nos gobiernan, nos juzgan y/o nos organizan a través de las normas que expiden deben ser capaces de dirigir su actuar a partir de un diagnóstico certero que les permita establecer objetivos claros, factibles, únicos y sostenibles en el tiempo.

 

Esta planeación la realizan cotidianamente las grandes corporaciones, empresas y/o organizaciones y no veo por qué el Estado Mexicano no deba sentirse obligado a realizar la misma acción, especialmente porque utiliza recursos públicos.

 

Es común además que la poca planeación que se realiza fracase por ser inapropiada: se elaboran malos diagnósticos, se desconoce la verdadera naturaleza del problema, se establecen objetivos erróneos, no se empatan los presupuestos a las acciones, rara vez se realizan ejercicios de seguimiento que permitan detectar focos rojos para redirigir acciones y mucho menos se establecen indicadores claros que permitan una evaluación a futuro. La implementación de la poca planeación disponible es pobre por que cotidianamente se sobreestiman los recursos (de tiempo, personal y financieros) y las habilidades, y no se coordinan los diferentes actores, ya sea por desconocimiento, por falta de voluntad y, por qué no decirlo, por contravenir sus propios intereses.

 

El Poder Ejecutivo Federal, en mi opinión, ha avanzado mucho en este tema, no así los gobiernos estatales y municipales o los otros dos Poderes. El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) evaluó en 2011 el Plan Estatal de Desarrollo del Estado de Puebla, dándole una calificación de 4.33/10. Los especialistas que realizaron dicha evaluación coincidieron en que dicho plan carecía de un diagnóstico bien elaborado, definición de prioridades, plazos de cumplimiento y responsables. Si el ejercicio se hiciera en otros estados, existen altas probabilidades de que los resultados fueran parecidos.

 

En fechas recientes se hizo público que, aproximadamente, 4 de 10 municipios en México reportan altos índices de endeudamiento y carecen de fondos suficientes para enfrentarlos. Frente a este paupérrimo escenario, estoy certera que gran parte de las acciones que se comprometieron los presidentes municipales a encabezar, no se verán materializadas.

 

El Poder Legislativo, por su parte, tanto a nivel federal como estatal, define su actuar a partir de los intereses partidistas, los cuales no siempre coinciden con los ciudadanos. Con raras excepciones, como es el caso del Congreso de Puebla, que recién modificó su Ley Orgánica para obligar a los diputados a presentar un plan de trabajo al tomar protesta, difícilmente los diputados traducen sus propuestas de campañas en acciones específicas, planeadas, medibles y evaluables al término de su legislatura.

 

No sé si se trate de una deformación profesional, pero estoy convencida de que a los abogados, que debieran ser estrategas por naturaleza, se les dificulta planear, especialmente porque no sienten la necesidad de rendir cuentas, ni ser sujetos de evaluación. En mi opinión, algo parecido le sucede al Poder Judicial, tanto a nivel federal como estatal, dirigido por abogados.

 

Si bien es cierto que el Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia y por ende Consejero Presidente del Consejo de la Judicatura Federal presenta unas líneas generales conforme a las cuales desarrollará su función, este documento es muy lejano a lo que formalmente se denominaría una planeación estratégica.

 

Sin planeación no hay certeza, sólo tropiezos y en muy pocos casos, chiripas. Los mexicanos no nos podemos dar el lujo de seguir manteniendo a un Estado que no toma en serio su papel de dirigir al país hacia un mejor futuro.

 

* La autora (@Caludia333) es investigadora del Área de Políticas Públicas del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Abogada, con maestrías en derechos fundamentales y cooperación internacional.

 

Twitter: @ceeymx
Facebook: ceeymx
www.ceey.org.mx

 

 

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