Opinión

Bliz-aard Ball Sale

   

Escojo obras de arte que sean efímeras porque, bueno, así es la vida.
Es sólo un viaje temporal.

I choose artworks that are ephemeral because, well, life is that.
It’s such a temporary journey: 
David Hammons.


David Hammons (Illinois, Estados Unidos, 1943) es un artista fundamental. Sin representación alguna de galería, ha conformado un cuerpo de obra subversivo, comprometido con las luchas afroamericanas por los derechos civiles y sumamente crítico con el mundo del arte y su mercado. Con claras influencias de Marcel Duchamp, Joseph Beuys, John Baldessari y el arte povera, las obras de Hammons versan sobre lo efímero, son imposibles de aprehender, muchas son performance, sobre todo callejeros, pues el cubo blanco de la galerías es, según el propio David Hammons, “una luz encendida, pero no hay nadie en casa”.

Hay una pieza de Hammons en particular, que creo es oportuno recordar en este contexto de fiestas dicembrinas. En el invierno de 1983, este arista realiza Bliz-aard Ball Sale, donde pone un puestito junto con otros vendedores ambulantes sobre Cooper Square, en Manhathan, Nueva York. En ese lugar, Hammons vendía bolas de nieve de diferentes tamaños a distintos precios, desde extra chicas hasta extra grandes. Con un humor bastante negro, el creador pone en evidencia varias cuestiones: lo efímero del arte, el papel del artista como un vendedor, pero un vendedor algo fraudulento, y el concepto de “negocio”, que implica, la mayoría de las veces, una charada, pero sobre todo el consumismo ya encarnado en los individuos contemporáneos.

En pleno invierno neoyorquino, ¿quién puede necesitar una bola de nieve? ¿Quién compraría una, sabiendo que se derretirá inevitablemente? Eso es la vida y el arte para Hammonds: un momento casi absurdo que dura apenas una ínfima fracción de tiempo. Y más allá de las implicaciones sociales, políticas y de comportamientos de consumo explícitas en la obra, nos hace preguntar, también, en qué momento el arte es arte, si es tan volátil que se desvanece en un instante.

Con Bliz-aard Ball Sale el artista lleva la desmaterialización del arte a un punto muy cercano y personal, si es en las calles donde todo sucede, es ahí también donde el artista se muestra anónimo, sin reflectores y sin la comodidad de la galería o el estudio. De esta pieza sólo quedan unos cuantos registros fotográficos.

El artista no sólo tiene el lado romántico del chamán –como lo predicado por Joseph Beuys. Aquí Hammons nos muestra que la producción artística conlleva un engaño, una treta, pero sólo si neciamente seguimos llamándole “arte”, pues en el proceso de desmaterialización, lo que sucede es la dilución del arte con la vida: llega un punto tal de naturalidad entre ambas, que es imposible diferenciarlas. Y ese es el fin último, que nuestra vida y el arte sea una misma cosa, para poder apreciar una simple bola de nieve en toda su dimensión.

¡Muy felices fiestas a todos los lectores!