Un 'spot' inquietante
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Un 'spot' inquietante

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Un 'spot' inquietante

13/12/2017
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Meade
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En días recientes empezó a circular en redes sociales un spot del precandidato del PRI a la presidencia de la República, José Antonio Meade. El spot en cuestión es muy breve (40 segundos), comienza con dos palabras: “crecer” y “económicamente”, y termina con la frase: “Hagamos de México una potencia”.

La pieza publicitaria a la que me refiero presenta un conjunto de características particulares y dignas de mención. Destaca, en lo técnico y formal, su excelente factura. Imágenes de altísima calidad, formato gráfico hipermoderno, sonido prístino y ritmo trepidante. En cuanto al contenido, expresado a través de una sucesión rapidísima de palabras y frases cortas, sobresalen dos ideas centrales: la noción de México como potencia y la idea de que es posible el México seguro, próspero y fuerte que “tú quieres”. En suma: potencia y posibilidad.

El mensaje de fondo del spot no se ubica, sin embargo, en los textos que incluye y tampoco en el terreno de las ideas. La pieza no interpela a la corteza frontal (la parte analítica y lingüística de nuestro cerebro); apunta, más bien y como cualquier buena pieza publicitaria, a la amígdala, al sistema límbico, a la emoción y a la víscera.

No resulta inquietante, en sí, el que el spot del precandidato del PRI busque activar reacciones físicas, mismas que, a su vez, activan ciertas emociones y ciertas asociaciones inconscientes. De eso se trata la publicidad y de eso se ha tratado siempre la propaganda más eficaz. Lo que para mí resulta inquietante es el tipo de sensaciones, emociones y asociaciones que detona esta pieza a través de sus elementos gráficos, su velocidad y, sobre todo, su ritmo, así como la tonalidad y timbre de sus componentes sonoros.

En cuanto a los elementos gráficos, me llamó la atención el uso del color y, muy particularmente, el empleo del negro como color de fondo. Nada de grises, nada de medias tintas, nada de colorcitos brillantes o de tonalidades cálidas o ambiguas: un negro intenso y plano como telón de fondo que genera sensación de seriedad, solemnidad, frialdad, certeza y precisión. Como si cada cuadro tuviese como intención repetir un único mensaje: fuerza llana, cero dudas, puras certezas.

Lo más notable del microvideo que aquí comento tiene que ver con su ritmo y con su banda sonora.

Como me dijeron (por separado) una amiga y un amigo argentinos tras mostrárselos: “balazos”, “metralletas”. A eso suena este spot, a eso sabe, esas fibras toca. El audio retumbante del clip te activa el sentido de alerta, te engancha a un tren bala y te comunica fuerza concentrada bajo la forma de una ráfaga de balas.

Interesante, por decir lo menos, el que, en un país sumido hace ya casi 10 años en una vorágine de violencia, un vehículo promocional dirigido a los votantes de cara a una elección democrática utilice como su lenguaje más básico y potente el timbre, tono y ritmo de una sucesión vertiginosa de disparos. Como si su audio y su ritmo galopante se te metieran debajo de la piel para hacerte experimentar, sin ambages ni mediaciones, un despliegue de poder avasallante en clave fuerza desnuda, pero también incisiva, enfocada y precisa.

En esta pieza publicitaria hay unas cuantas ideas y mucha hipermodernidad en plan tecno. En ella encuentro, sobre todo, manifestación de certeza completa, de poder unilateral, de fuerza de arma automática y de testosterona que se impone sin pedir permiso alguno. Para algunos, justo la solución que México necesita. Para otros y otras, despliegue subliminal e inquietante de poder que se vive, se proyecta y se oferta como certeza a prueba de balas y de fuerza a ritmo de balas.

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Twitter: @BlancaHerediaR

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.