Repensando el acceso a la educación superior
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Repensando el acceso a la educación superior

COMPARTIR

···

Repensando el acceso a la educación superior

25/04/2018

Tiene razón López Obrador en insistir en que el limitado y muy disparejo acceso a la universidad ha contribuido a reproducir y exacerbar la exclusión social en México. El problema es grave y requiere atención urgente.

Toca discutir seriamente, sin embargo, si la solución que AMLO propone (acabar con los exámenes de admisión a las universidades y ampliar las becas y los espacios en estas) constituye una buena manera de incluir socialmente a los millones de jóvenes mexicanos que hoy carecen de oportunidades educativas y/o de empleos productivos.

El encuadre más frecuente para abordar este problema, mismo que la “solución” propuesta por AMLO refuerza, es uno que, en materia de educación superior, nos obliga a elegir entre mérito y calidad, por un lado, y equidad/inclusión, por otro. No comparto esa manera de abordar el problema, pues no estoy dispuesta a renunciar a ninguno de esos dos valores. Tampoco lo comparto, pues la evidencia indica que, aunque enormemente difícil, sí es posible reconciliar o al menos reducir la distancia entre calidad educativa/mérito e igualdad y, con ello, contribuir a que en el país puedan convivir mayor igualdad y universidades de verdad.

Un segundo elemento que me parece problemático en la propuesta de AMLO es el de ampliar el acceso a las instituciones de educación superior como medio para reducir el riesgo de que jóvenes sin oportunidades acaben involucrándose en actividades criminales. Coincido con la preocupación de fondo, y veo cómo abrir las compuertas de las aulas universitarias pareciera la “solución” más a la mano. El costo para la integridad de las universidades y para el valor de los títulos que otorgan de convertirlas en espacios para contener a los jóvenes, sin importar si cuentan o no con los saberes y habilidades para aprovechar una educación universitaria, sería demasiado alto. Por ello resultaría clave imaginar otras posibles soluciones.

Para acometer la gigantesca tarea de avanzar, en simultáneo, a favor de la calidad y la equidad en materia educativa hace falta, en primerísimo término, querer lograrlo. Conviene enfatizarlo, pues contra lo que cabría esperar, hoy por hoy siguen siendo sorprendentemente escasas las iniciativas orientadas a promover la combinación equidad y calidad dentro de la educación superior.

Entre las distintas acciones a emprender al respecto, destacan las siguientes. Ampliar y reforzar los programas de combate a la deserción escolar en secundaria y educación media superior e incluir en ellos acciones decididas y pedagógicamente robustas para subsanar los gravísimos déficits en aprendizajes básicos (lengua, razonamiento numérico y habilidades para la convivencia) que presentan un número inaceptablemente alto de jóvenes en el país. Esto permitiría expandir y diversificar socialmente el universo de candidatos (recordemos que sólo 25 por ciento de los que ingresan a primaria terminan la media superior) en condiciones de ingresar con provecho a la educación terciaria sin comprometer, en el camino, lo poco que hemos avanzando en aseguramiento de la calidad de la educación superior.

Para ese mismo propósito, convendría también considerar los siguientes. Diseño y puesta en marcha (inicialmente, a título voluntario) de un examen único de egreso a la educación media superior que pudiera, con el tiempo, convertirse en elemento clave para el proceso de admisión a todas las universidades mexicanas. Un examen así aportaría una brújula general de la cual hoy carecemos sobre aprendizajes mínimos esperados al final de la enseñanza obligatoria y contribuiría a emparejar la cancha para el acceso a la educación superior, al menos en lo que información sobre aprendizajes indispensables se refiere. En segundo lugar, generación de una oferta amplia de cursos de nivelación preuniversitarios, exigentes y sin costo para los estudiantes, que contribuyesen a expandir el acceso a educación terciaria de calidad.

Adicionalmente a las anteriores y como alternativa específica a la propuesta de AMLO, de usar a la universidad para reducir la criminalidad entre los jóvenes, convendría explorar opciones como, por ejemplo, la creación un Servicio Nacional para Jóvenes (becas y capacitación laboral a cambio de la realización de tareas sociales urgentes, como alfabetización, apoyo a la población más vulnerable y labores de rescate ambiental) y, sobre todo, echar a andar programas para estimular una oferta de empleos formales mucho más dinámica.

En el fondo, las claves para enfrentar los problemas que nos pone delante AMLO sin tener que optar entre calidad/mérito y equidad/inclusión pasan por asegurar una educación obligatoria de calidad para todos y por generar condiciones para que la economía mexicana pueda generar muchos más empleos calificados y productivos de los que ha generado los últimos 30 años.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.