López Obrador y la reforma educativa
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López Obrador y la reforma educativa

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Opinión

López Obrador y la reforma educativa

07/02/2018
Actualización 06/02/2018 - 21:55

Resulta claro que el candidato presidencial de Morena ha moderado su discurso y, sobre todo, su tono, ánimo y disposición en muchas áreas y temas. Entre lo más reciente y visible: la acogida en las filas de su partido/movimiento de panistas conspicuos como Gabriela Cuevas o Manuel Espino, y flirteo con Germán Martínez, quién, además de también panista, fue enemigo declarado y acérrimo de López Obrador durante las presidenciales de 2006.

La intención de tanta moderación y espíritu ecuménico parece clara: aquietar los miedos de las clases medias para no pagar los costos que, en el pasado, le supuso alinearlas y, ya en plan más ambicioso, intentar atraerlas a su causa. En suma: neutralizar la idea-fuerza según la cual el candidato de Morena es un “peligro para México”, mostrando a un López Obrador abierto, pragmático y conciliador.

Llama la atención que en este corrimiento al centro, orientado a no perder e idealmente a ganar el voto de clase media, López Obrador no haya incluido, hasta el momento, el tema educativo. Llama la atención porque la educación en general y, en especial, la calidad educativa es un asunto particularmente cercano al corazón y a los intereses de la clase media mexicana.

El aprecio de los sectores medios por la calidad educativa se sustenta en buenas y entendibles razones. Básicamente en el hecho de que, en una sociedad rígidamente estratificada como la mexicana, en la que ni los muy ricos ni los muy pobres se mueven de posición social en función de sus logros o aprendizajes escolares, los únicos para quienes buenas escuelas constituyen, en la práctica, una vía posible de movilidad social ascendente, es para los sectores de ingreso medio.

Lejos de echarles algún lazo o hacerles algún guiño a estos sectores en la materia, el candidato presidencial de Morena ha insistido de forma reiterada en declarar que echará abajo la reforma educativa. Tiene razón David Calderón al pedirle a López Obrador que especifique a qué, en concreto, se refiere con ello. También tiene razón Manuel Gil Antón al señalar que oponerse a la reforma educativa impulsada durante este sexenio, no necesariamente implica estar en contra de la necesidad de mejorar la educación nacional.

Más allá de las especificaciones y matices reclamados por los especialistas, cabe preguntarse por qué el candidato puntero ha sido tan insistente en sus declaraciones en contra de la reforma educativa y ha estado tan poco preocupado por minimizar el costo que ello le pudiese representar entre los votantes de sectores medios. Grupos, por cierto, nada triviales o despreciables, pues de ellos provendrán los votos adicionales al voto duro que seguramente habrán de decidir el resultado de la elección.

Para explicar el comportamiento de AMLO en lo educativo caben varias hipótesis. Una es que la oposición machacona en contra de la reforma educativa tenga como intención central enfatizar su distancia con respecto al gobierno de Peña Nieto, a fin de capitalizar el descontento general en contra de este usando para ello uno de los temas insignia del gobierno en turno.

Otra, más probable, es que declararse opositor de la reforma educativa le sirva a López Obrador para intentar allegarse el apoyo de los maestros, cuyo enojo en contra de dicha reforma es extendido y manifiesto. Ese apoyo importa por el muy considerable número de maestros (votos), pero, sobre todo, porque a diferencia de los sectores medios, los maestros están organizados y pueden aportarle andamiaje y estructura en tierra. Para un partido nuevo como Morena, sin aparato territorial sólido en todo el país, ello deber representar un activo invaluable.

Si esta segunda hipótesis apunta en la dirección correcta, subsisten, sin embargo, dos preguntas clave. Primero y dado que el voto de la clase media, aún desorganizado y todo, será crucial, ¿hará algo AMLO para tranquilizar a esos votantes en el tema educativo? Segundo, ¿a cuál costo para los estudiantes y los mexicanos todos, conseguirá Andrés Manuel López Obrador el apoyo del magisterio?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.