El país ante su desconcierto
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El país ante su desconcierto

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El país ante su desconcierto

26/09/2018
Actualización 26/09/2018 - 14:03

Acaba de publicarse un libro importante sobre México. Un libro que no casa bien con los abordajes analíticos estándar ni con el sentido común de nuestro tiempo y que, justo por eso, conviene mucho leer. Se trata de un volumen compilado por Fernando Escalante, que escudriña el desconcierto en el que nos tiene inmersos la situación tan difícil y enredada en la que se encuentra el país.

En Si persisten las molestias (Noticias de algunos casos de ceguera ilustrada), Escalante y siete autores más colocan en el centro ese desconcierto que nos impide, ya no digamos entender, sino incluso nombrar las piezas de esa suerte de rompecabezas incomprensible en el que se ha convertido México. Cada uno de los textos que integran el libro desbroza algún rincón o aspecto de ese desconcierto. El de Natalia Mendoza, por ejemplo, ilumina una dimensión clave de la crisis de inseguridad y violencia al proponernos una mirada articulada en torno a la idea de ilegalidad privatizada. Los de Claudio Lomnitz y Celia Toro nos aportan, por su parte, coordenadas frescas para tratar de entender las muchas capas y significados de nuestra frontera y nuestra relación con Estados Unidos.

Los textos que componen el volumen pueden leerse por separado. A diferencia de muchos otros volúmenes compilados, sin embargo, este cuenta con un sustrato compartido fuerte. Un sustrato hecho de maneras de ver y de interrogar a la realidad mexicana que se enriquecen entre sí y que no son, en absoluto, las convencionales. Un piso común de preguntas y preocupaciones en torno a la interacción entre lo formal y lo real, a la relación entre lo visible y lo invisible, y a la necesidad urgente de repensar el lugar de lo supuestamente central y lo supuestamente marginal dentro de la estructura y operación de la realidad social y política del México contemporáneo. Un mirador compartido por los autores que socava lugares comunes y que nos ofrece unos lentes potencialmente mucho más fértiles que los que traemos puestos para describir, analizar y discutir un país frente al cual lo único compartido que parece quedarnos es la sensación de profunda desorientación.

Los capítulos de Fernando Escalante que abren y cierran el volumen conviene leerlos completos y con calma. En ellos, el compilador del libro retrata, con su pluma filosa y sin sentimentalismo alguno, el país hecho pedazos con el que nos hemos ido acostumbrando a convivir cotidianamente. Ese país de 20 mil homicidios al año, de salarios mínimos que no alcanzan para ningún mínimo, de total desprestigio de lo público, y de formas de administrar la producción del “conocimiento” sobre el país que, lejos de orientarnos, sirve tan sólo para alimentarse a sí mismas. Exhibe también las enormes dificultades de las aproximaciones analíticas, discursivas y normativas convencionales para ofrecernos guía o noticia sobre una sociedad llena de particularidades abigarradas y, en muchos sentidos, impresentables, que es esa en la que vivimos. Una sociedad que se parece poco a los ideales fantasiosos que llevamos tanto imaginando como norte y que cabe muy mal dentro de las generalizaciones mucho muy parsimoniosas en las que insistentemente hemos intentado encuadrarla. En sus textos, Escalante nos aporta, finalmente, claves para empezar a ordenarnos la mirada y para dirigirla adonde importa, si acaso nuestra intención fuera entender alguna cosa en relación a de qué se trata esta maraña que es México hoy y cómo es que acabamos metidos en ella.

Hay en el libro voces muy reconocidas por su potencia para iluminar aspectos centrales de nuestra realidad y largos años de trabajo, simultáneamente, abarcador y minucioso. Pero, hay también voces nuevas, plumas jóvenes, animadas por inteligencias dispuestas a aventurarse más allá de lo conocido, nutridas por un conocimiento íntimo y, al mismo tiempo, curioso y azorado frente a las muy diversas realidades yuxtapuestas que coexisten e interactúan en el México contemporáneo. Mentes agudas y sólidamente estructuradas que abordan temas muy difíciles e incómodos como la espiral de violencia en la que estamos ahogándonos o la degradación completa de nuestros espacios públicos de frente, sin moralismos autocomplacientes y sin ascos.

Cada una de esas voces jóvenes tiene cosas importantes y nuevas que decirnos. Una de ellas me resultó, con todo, especialmente notable. La de Antonio Álvarez Prieto llevándonos de la mano por los laberintos de un país que se arma y se desarma en el rejuego continuo –barroco, sutil, esquizofrénico y aparatoso– entre lo formal, lo legal, lo que debiera ser, por un lado, y lo informal, lo ilegal y lo que sucede todos los días en todas partes, por otro.

Si persisten las molestias es un libro que nos obliga a salirnos de las certezas cómodas y a movernos de lugar. Ojalá se animen a leerlo, vale mucho la pena.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.