Opinión

'Blade Runner 2049', una secuela que respeta la original

 
1
 

 

Blade Runner 2049

Treinta años después de que el detective Rick Deckard (Harrison Ford) acabara con la pandilla de androides rebeldes liderados por Roy Batty (Rutger Hauer), la policía de Los Ángeles sigue en busca de los últimos replicantes de la corporación Tyrell. K (Ryan Gosling), un nuevo modelo de androide, llega a una granja en medio de un paisaje desolado para matar a Sapper, un replicante. Antes de volver a la estación de policías, K recoge una flor entre las raíces expuestas de un árbol marchito (en este futuro, nos enteraremos, ya no existen animales ni vegetación). Ahí, el detective encontrará los restos de un cuerpo. El secreto que ocultan esos huesos, así como su identidad, es el motor de Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuve.

Después de las precuelas de Star Wars, la horrorosa cuarta película de Indiana Jones y –más emparentadas con Blade Runner– las precuelas de Alien, es natural que nos acerquemos a esta segunda parte con algo de cautela. Que esté apadrinada por Ridley Scott, el director de la original, no es garantía de nada: fue el propio Scott quien dirigió Prometheus y Alien: Covenant, otras dos películas fascinadas con el poder de nuestras creaciones, importándole poco si daban al traste con el misterio y la fuerza del monstruo extraterrestre que él vio nacer en 1979. Entre la tanda de secuelas innecesarias, Blade Runner 2049 al menos le es fiel al mundo de la original y respeta sus enigmas. No reescribe el pasado ni responde interrogantes abiertas desde la primera parte. Eso ya es motivo para celebrar.

Villeneuve es un director perfecto y al mismo tiempo inadecuado para Blade Runner. Por un lado, su asociación con el fotógrafo Roger Deakins sigue rindiendo frutos. Desde su estreno, la estética de la película de Scott ha sido una de las mayores fuentes de inspiración para el género de ciencia ficción: hay huellas de la primera Blade Runner, sus barrios húmedos, sus claroscuros de neón, sus estrechos callejones, en The Terminator, Dark City, Minority Report, Ghost in the Shell, The Fifth Element y muchas, muchas más. Hasta la ciudad anónima de Se7en parece deberle a aquel Los Ángeles. La secuela merecía una atmósfera igualmente lograda y, en ese apartado, Villeneuve y Deakins vuelven a dar en el clavo, tal y como hicieron en Sicario y, más recientemente, en Arrival, cuyos ambientes visuales y acústicos son estremecedores. Ojalá esa sofisticación pasara de la forma al fondo.

La obra maestra de Scott era genial tanto en su diseño como en su entramado, digamos, teórico. No obstante, Villeneuve es un director de ideas obvias cuya edición tiende a deletrear como si la audiencia no pudiera sumar dos más dos (lo mismo ocurre en el sacarino final de Arrival). Más que un tema, Blade Runner 2049 es una película a la que le urge una gran pregunta que plantear. El guión de Hampton Fancher y Michael Green –que por momentos parece escrito por el Roy Batty que habló de sus recuerdos, evanescentes como “lágrimas en la lluvia”– está interesado en Temas con mayúscula (¿qué nos hace humanos?, ¿cómo confiar en nuestros recuerdos?, ¿cuáles son los límites de la inteligencia artificial?), pero su ambición lo traiciona. Muchas dudas, pocas nueces.

Lo que queda no es poco. Blade Runner: 2049 es sobrecogedora, incluso a pesar de la estorbosa música de Hans Zimmer (imitando el estilo de Vangelis). Su futuro no es el nuestro sino el de la original, dominado por gadgets japoneses, por empresas como Sony, Pan Am y Atari, por hologramas que ocupan flancos enteros de un rascacielos, donde la civilización y sus detritos no terminan nunca. Sobre todo hay una larga secuencia en Las Vegas, convertida en un desierto radioactivo, lleno de gigantescos ídolos derribados, cuyo diseño aporta más a las inquietudes centrales de la película que todos los diálogos de Jared Leto juntos. Además, Blade Runner 2049 está poblada de actuaciones breves pero precisas: Carla Juri, la protagonista de Wetlands, se roba la cinta con sólo unos minutos en pantalla, y no me sorprendería que la Academia nominara a Harrison Ford por su segunda actuación en el papel de Deckard. Para la próxima, tal vez Villeneuve nos regale una película muda. Yo la vería.

Twitter: @dkrauze156

También te puede interesar:
'The Lost City of Z', el cine respetable de James Gray
'Borg vs McEnroe' y el encanto de las grandes rivalidades
'The Leftovers y el terremoto, los que nos quedamos