Opinión

Black Mirror: el lado oscuro de la tecnología

 
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Black Mirror. (Gonzoo)

Un futuro no muy lejano en el que, a través de una aplicación en el teléfono, los seres humanos se califican entre sí, de una a cinco estrellas. Un dispositivo, conectado a la memoria y la mirada, graba todo aquello que los personajes ven, permitiéndoles acceder a sus recuerdos como si fueran clips de YouTube. Para ayudar a unos dolientes, un servicio por Internet recrea a los muertos a través de lo que publicaron en la web. Una caricatura, controlada en tiempo real por un comediante, se postula para una elección y acumula popularidad a base de agredir a los candidatos de carne y hueso.

Los muchos mundos que plantea la serie Black Mirror revelan el lado oscuro de la tecnología, e incomodan porque se sienten como una auténtica posibilidad.

Estrenado años antes de que Donald Trump se postulara a la presidencia con su retórica vulgar y demagoga, The Waldo Moment, el capítulo de la caricatura que secuestra la elección, prefigura la vergonzosa candidatura de ese fascista americano. Que yo sepa aún no existe una aplicación que nos permita calificar la “calidad humana” del dependiente de Starbucks que nos prepara un capuchino en la mañana, pero, ¿quién levantaría una ceja si la gente empezara a usarla mañana? Lo único que nos falta calificar con estrellitas es a nosotros mismos.

La tercera temporada de la serie acaba de estrenarse en Netflix y por primera vez traslada la acción de Gran Bretaña a Estados Unidos. Como ocurrió con la versión original y la estadounidense de The Office, la mudanza del cielo gris de Inglaterra al sol californiano limó las garras del programa, resultando en narrativas menos ásperas y más accesibles.

San Junipero y Nosedive, los capítulos celebrados de esta última tanda, incluso caen en el melodrama, un género que Charlie Brooker, el cerebro detrás del proyecto, había evitado (los peores episodios de las anteriores temporadas, como White Bear, son histéricos, pero nunca cursis).

Sobre todo San Junipero, una historia sobre dos mujeres que se enamoran en un mundo virtual, es empalagoso como un algodón de azúcar. Lo más lúcido de Black Mirror se estrenó en Gran Bretaña. Ahí es donde la serie vibra por su arrojo y astucia. Como prueba bastan tres botones.

The National Anthem abre con un clip transmitido por YouTube. Un grupo desconocido secuestró a la princesa de Inglaterra y sólo la liberará si el primer ministro tiene relaciones sexuales con un cerdo en cadena nacional. Parece un milagro que una premisa tan descabellada funcione, pero The National Anthem revela nuestro apetito por la desgracia ajena y el círculo vicioso donde las noticias se nutren de las redes sociales.

La perla de esa temporada inicial es The Entire History of You, donde un hombre, trastornado por los celos, revisa sus recuerdos de forma obsesiva en busca de claves sobre una posible infidelidad de su esposa. El avance tecnológico al centro del capítulo es tan improbable que el escritor Jesse Armstrong hace bien en centrarse en el mundo interno de sus personajes, provocando reflexiones sobre la conveniencia de recordar de forma imperfecta y los efectos de transgredir los límites de la intimidad.

El mejor episodio es Be Right Back, en el que Martha (Hayley Atwell) se inscribe a un servicio en línea para obtener un clon de Ash (Domhnall Gleeson), su novio que murió. El nombre Ash puede ser una referencia al androide que Ian Holm interpretó en Alien: aunque no hay maldad en la copia del chico, su carácter –recreado a partir de su vida en línea– nunca resulta enteramente humano. Al principio Martha disfruta al clon. A medida que muestra sus limitaciones (inherentes a una criatura que sólo puede moldear su personalidad a través de lo que Ash subió a la red) el personaje se vuelve una pesadilla. Frankenstein para la era de Facebook.

Be Right Back encapsula las grandes virtudes de la serie: el consuelo y los placeres efímeros que brinda la tecnología y la manera en la que su presencia nos disocia de nuestra humanidad, o bien, exacerba nuestros peores vicios. No siempre da en el clavo pero, en sus mejores momentos, Black Mirror es un producto fascinante y vital.

Twitter:@dkrauze156

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