Opinión

Bioy Casares

Antes de volver a los tres palos (no empiecen), Gil quiere recordar que este año se cumplen cien del nacimiento del escritor argentino Adolfo Bioy Casares (1914-1999), uno de los preferidos de Gamés, si se pudiera tener un escritor favorito. Gilga recorrió sus libreros y encontró libros que casi había olvidado. Para esa celebración del recuerdo, Games trae un puñado de citas de Bioy.

•••
Yo tiendo a ver el lado cómico de la realidad. Esto ofende a mucha gente y suele crear malentendidos incómodos. No creo que cambie mi conducta literaria. Por lo demás, a los pueblos les conviene reírse un poco de ellos mismos. En lo que más quiero, en lo que más me gusta y también en lo que más me duele, veo el lado cómico. En mis relatos hay personajes y lugares por los que siento simpatía. Mis protagonistas son por lo general gente modesta. Creo imaginarla mejor que a otra gente. No me gusta la soberbia; ni siquiera el amor propio. Yo diría que dada nuestra índole todos deberíamos ser modestos, aunque admito que para actuar se requiere un poco de ciega soberbia. Me río de las mujeres porque son los seres que más ocupan mi atención y con las que tengo más conflictos. No será porque no las quiero que he pasado mi vida junto a ellas. Jane Austen ha dicho que los demás cometen estupideces para entretenernos y que nosotros las cometemos para entretenerlos. Esta me parece la más compasiva interpretación de la historia. (De Memorias, Tusquets, 1994).

Me habían llevado al cine Gran Splendid y ahí gané un pomerania lanudo, de color té con leche, llamado Gabriel (hasta hoy el nombre de Gabriel me sugiere ese color). Al día siguiente el perro no estaba en casa. Me dijeron que lo había soñado. Sospecho que esto debió ser falso, porque mi recuerdo del episodio el perro y de la rifa no se parecen a los recuerdos de un sueño. (De Memorias).

•••
Aunque soy bastante lento para escribir, soy rápido para imaginar. Esta es una riqueza desdichada porque, desde que empecé a escribir, siempre tengo por delante ocho o diez cuentos y dos o tres novelas en proyecto. Y con alguna ansiedad me pregunto si llegaré a escribir todo. (De A la hora de escribir, Tusquets, 1988).

Cuando escriban piensen que todo libro es una máquina compuesta de papel impreso y un lector. Yo al menos escribo siempre para el lector. Y hay que tratar de manejarlo con cuidado, de que no se aburra con el cuento que le estamos contando, de que el cuento no se alargue más de lo necesario y que tenga una sorpresa de vez en cuando, y que la sorpresa no sea totalmente inesperada, para que el lector pueda decir: “Debí pensar que venía esto”. (De A la hora de escribir).

•••
Promesa: las mujeres deseadas y las ideales, ay, se alcanzan. (De Guirnaldas con amores, Obras completas, Norma, 1997).

Motivos: los enamorados más fieles, aquellos que se entregan más generosamente, traicionan por principio, para rescatarse un poco. (De Guirnalda con amores).

En el camino de la muerte, sólo hay héroes. (De Guirnalda con amores).

Una vida mejor: Qué agradable sería la vida si concluyera un poco antes de la muerte. (De Guirnalda con amores).

•••
Borges observó que los autores más débiles siempre manifiestan el temor de que sus obras sean demasiado fuertes. (De Jardines ajenos, Tusquets, 1997).

No hay oficio menos pulcro que el oficio de vivir. (De Jardines ajenos)

El pasado no está detrás de nosotros, como suele creerse, sino adelante: Zorrilla de San Martín. (De Jardines ajenos)

En un mingitorio de Ginebra: busco amiga para lamer, solamente. (De Jardines ajenos).

•••
Así las casas (muletilla inmobiliaria), Gil informa a los primerizos que los viernes toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con bandejas que soportan al menos una botella de Glenfiddich, Gamés pondrá a circular esta máxima que Bioy recopiló en Jardines Ajenos, su libro de citaciones, apuntes y dichos oídos por el mundo. En este caso se trata de un chispazo de Boswell: “Disiento conmigo, como dicen los irlandeses”.

Gil s’en va