Opinión

Bienvenidos a la pesadilla

   
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¿Por qué la banca mexicana no le tiene miedo a Trump?

¿Cómo es que los estadounidenses decidieron convertir su elección en una pesadilla internacional? Lo sabremos en los próximos días. Por lo pronto es claro que una negra noche nos cubrirá durante un buen tiempo. La victoria de Trump es una de las más sorprendentes noticias de las últimas décadas. Sorprendente y peligrosa. No estamos, como ya sabemos, ante un republicano radical. Se trata de un hombre que ha cambiado el lenguaje de la política en Estados Unidos. La conquista de derechos desde los sesenta, la aceptación de las minorías, la reivindicación de los migrantes, la tolerancia como bandera del país, han quedado atrás.

El triunfo de Trump es la irrupción del coraje, de los sentimientos primitivos, del rencor y del ánimo de venganza. Trump creció a pesar de su propio partido, lo cual le dará un manejo mucho más libre en su gobierno. El magnate llega contra todo pronóstico de la clase política, contra todo el deseo internacional, pero es incuestionable que en los comicios deciden los electores. Y los estadounidenses tomaron su decisión para mal de todos, incluso de ellos.

La campaña fue ríspida, como lo son la mayoría de las contiendas cerradas. Sin embargo, ésta resultó un cambio radical en los procesos electorales estadounidenses. El sexo, la lluvia de acusaciones, la patanería de uno, la frialdad de la otra, fueron la tónica de esta campaña. Terrible. Pero quizá el problema radicó en despreciar al majadero que se presentó en la escena. Sentir que había que estar por arriba de él, no combatirlo en su terreno, sentir superioridad argumental y moral aun cuando se acercaba peligrosamente.

Algo pasa con la gente que ya ninguna medición funciona. Vivimos tiempos interesantes, pero también inciertos. Novedades que no queremos tener, noticias que no queríamos ver. El triunfo de Trump fortalece a los xenófobos, a los racistas, a los intolerantes, a los propagadores del miedo, y si esto pasa en la potencia mundial ya podemos imaginar cómo van a resultar las cosas en otros lados. La irrupción de Trump como candidato no debe quedar en la anécdota de un loquito que fue candidato. Es claro que el silencio, por lo general, esconde algo. En todos lados hay rencores agazapados, injusticias asumidas como inevitables, desequilibrios sociales entendidos como 'resultados' de la llegada de una 'nueva época'; hay nostalgias asumidas con coraje, lenguajes que atrás de lo políticamente correcto almacenan tensión pura, rabia y deseos de acabar con las limitaciones propias adjudicándoselas a los extraños, a los de afuera. Sacar esas palabras fue su trabajo y fue el lenguaje del éxito en Trump.

Leonidas Donskis en su diálogo con Zymunt Bauman (Ceguera moral, Ed. Paidós) dice que: “Cuando más convincentes somos como víctimas, más atención y publicidad recibimos. Cuando más nos esforcemos en pensar lo impensable y pronunciar lo impronunciable, más probabilidades tenderemos de encontrar un lugar en una estructura de poder, tanto local, como global”. En efecto, Trump los hizo víctimas de la clase política poderosa, pero también de los inmigrantes, de los que tienen otras religiones, los que pertenecen a otras razas. Los que no eran americanos cuando América era grande.

Bienvenidos todos a la pesadilla.

Twitter: @JuanIZavala

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